Confidencial (II)


Anoche, con los planos en la mano, revisé la estructura de mi casa; me asesoré de una arquitecta de mis grandes afectos; después observé ladrillo por ladrillo, vidrio por vidrio, piedra por piedra; revisé la madera, las puertas, ventanas y hasta las vigas de hormigón armado.
Tapé, herméticamente, según las indicaciones que también me dio el recuerdo, hueco por hueco, cerradura por cerradura; no quedó un sólo resquicio, un sólo boquete, un sólo agujero sin tapar; todo quedó tan cubierto y revestido que la vivienda parecía aislada del mundo.
Sin embargo, algo quedó descubierto, destapado y desnudo y hasta me atrevo a creer que alguna ventana quedó abierta porque volví a soñarla.



