Confesiones de María Concepción Loperena


Créditos: Ceefasis – Jimdo
Confesiones de María Concepción Loperena
(Valledupar, 4 de febrero de 1813, 11 de la noche)
Antes de que esta noche de júbilo se hunda en las bóvedas del tiempo…
Ven, Francisquilla, mi fiel criada, dejemos solos a los hombres ebrios que hagan suyas mis palabras de esta mañana.
Soy de insigne alcurnia, tú más que nadie lo sabe. De mi padre viene el abolengo español que marca mi voz; y de mi madre, hidalga vallenata, la figura de mujer que soy.
Cuando la sonrisa juvenil del espejo es fragancia en mi piel, un flamante capitán de la realeza conquista mi corazón, y pronto soy Doña María Concepción Loperena de Fernández de Castro.
Nada material es vedado a mi alcance. Muchas mujeres envidian mi buena suerte, ingenuas ellas que se deslumbran por la transitoria fortuna. Algo falta en la viña del Señor para que maduren todos los frutos.
Mi alcoba fue regada por la ausencia enlutada de olor a hombre, por la abulia de ocres pesadillas. Una bola de nieve anduvo dentro de mí, goteando en lentitud, como si fuera racimo de lágrimas de mis esclavos.
En una de esas largas noches, golpes de fragatas agitaron el naufragio de mis sueños. Vi un ángel cabalgar sobre el lomo blanco de un caballo, y me reveló la misión de abrazar el sol para quemar las naves del imperio.
Ahora mis congojas son vendaval de otro hemisferio. Ya es hora de que te vayas a dormir, quiero quedarme sola; pero antes, escucha a los hombres que están todavía celebrando y cantan al son de sus guitarras.
Francisquilla, mi fiel criada, guarda estas confesiones; lo que se habla, a veces no es igual cuando se escribe. Algún poeta encontrará en la memoria del viento la sonoridad de estos versos libertarios.
La independencia de Valledupar
I
Aquel cuatro de febrero
de mil ochocientos trece,
Valledupar amanece
con temple firme de acero.
Se enciende en el pebetero
un clamor de efervescencia,
el pueblo toma conciencia
cansado de las cadenas;
la heroína Loperena,
da el grito de independencia.
II
En tan memorable fecha
el Cabildo firma el acta,
que la heroína redacta
contra el tirano que acecha;
como rugidos de flechas
la libertad ya se siente.
La Loperena, valiente,
quema el escudo del Rey;
y proclama en esta grey
el sentirse independiente.
III
El grito de independencia
primero fue en Cartagena;
pero aquí, la Loperena,
Fue una chispa de insurgencia.
Desbordada la paciencia,
de libertad se ilumina:
la verdad es luz divina
que en el corazón florece,
y la injusticia fenece
con sus corceles de espinas.
IV
Fueron muchas las batallas
contra el imperio invasor;
el eco libertador,
se agiganta en atalaya.
Se derrumba cual muralla
el ejército español;
en crepúsculo arrebol,
la derrota lo hace breve:
como corona de nieve,
derretida bajo el sol.



