¿Cómo detener la bestia?

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A la propia nación norteamericana le corresponderá dentro de un breve espacio de tiempo, asumir el imperativo moral y político, de detener al delirante y desenfrenado sujeto que hoy ejerce la presidencia de su poderosa y arrogante democracia, convertida hoy, en una máquina de guerra y de muerte embriagada con la ilusión asesina de restaurar la vigencia de un imperialismo rapaz y repugnante que ambiciona redefinir a su favor la geopolítica planetaria. De no hacerlo la gran nación del norte está amenazada de padecer la mayor crisis que se pueda imaginar en un mudo surgido de la mas brutal irracionalidad ENCARNADA EN LA FUERZA Y EN EL PODER ANIQUILANTE DE LAS ARMAS NUCLEARES.
Un hombre, que como el señor Trump declara y afirma públicamente que: “no necesita del derecho internacional, pues su límite es solo su propia moral”, no es por supuesto, ni un estadista, ni un líder respetable. Ese lenguaje prepotente y estúpido es la manifestación pura y simple de su megalomanía, la retórica de un fascista en éxtasis a quien la codicia del poder ha convertido en un desequilibrado; en un peligroso enfermo mental y moral carente de valores éticos, sin los cuales el uso de poder militar o político devine en brutalidad criminal.
¿pero cual puede ser el recurso y el apoyo moral al cual pretende apelar este equivoco y peligroso personaje? ¿es que acaso ignora que la opinión pública mundial desconoce todos los escandalosos capítulos de su prontuario delictivo?
Todo el planeta sabe que ha sido juzgado e imputado de una diversa y grave cantidad de delitos que van desde lo financiero hasta los escabrosos delitos de orden sexual. Como también se conoce de sobra que, dada su indiscutida influencia política, ejercida de manera más que evidente, no ha permitido hasta ahora que se dicten las sentencias condenatorias.
Para la opinión pública mundial, aún resulta bastante incomprensible como un personaje de esta calidad moral pudo ser elegido y, mayoritariamente, para presidir y orientar los destinos de una nación que presume y se jacta de ser un modelo de sociedad democrática. ¿Cuál será para esas grandes mayorías que votaron y eligieron a este presidente la esencial diferencia entre democracia y delitocracia?
¿Qué están significando para el mundo las aventuras delirantes y asesinas que esta llevando a cabo esta especie de Atila tecnocrático y nuclear que amenaza con aniquilar civilizaciones enteras?
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