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Comentarios políticos…

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Carlos E. Cañar Sarria
CARLOS E. CAÑAR SARRIA 

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              En realidad, Oscar Iván Zuluaga hasta hace unos meses era un desconocido. Se sabía de él que fue ministro de Hacienda del gobierno de Uribe, pero no más. Hasta que Uribe lo designó para abanderar sus políticas tras la creación del partido Centro Democrático. Al no poder contar con ‘Uribito’ que se encuentra respondiéndole a la Justicia por los hechos relacionados con el escándalo de Agro Ingreso Seguro que repartió la plata a los ricos que estaba destinada a los campesinos pobres, el escogido por Uribe fue el Zorro. Nadie más podía calar tan bien frente a las aspiraciones de Uribe de perpetuarse en el poder en cuerpo ajeno.

              Casi medio millón de votos de ventaja de Zuluaga a Santos en la primera vuelta, ha permitido a ambas campañas hacer ajustes, enfocar nuevas estrategias e incrementar la publicidad para definir quién se queda con la Presidencia tras los resultados del próximo 15 de junio. La ex candidata Marta Lucía Ramírez terminó por adherirse a Zuluaga aconsejada por el ex presidente Andrés Pastrana, que llegó a ser considerado el peor presidente de la historia reciente de Colombia. Se ha dicho que Marta Lucía le puso a Zuluaga –en caso de ganar- la condición de continuar con los diálogos de La Habana que adelanta el gobierno de Santos.

              Como el país aparenta estar polarizado entre quienes quieren la paz y quienes aspiran la prolongación indefinida del conflicto, Zuluaga ha tenido que vérselas duro. Esto explica sus volteretas: que de ser presidente, el 7 de agosto suspendería los diálogos con la guerrilla, para pocas horas después afirmar que negociaría pero con algunas condiciones, después otra vez que no; es decir, no pero sí, pero no… que sí. Esto llevó al presidente candidato a afirmar que con la paz no se improvisa, que con la paz no se juega sino que hay que jugársela toda por la paz.

             Razón tiene el columnista Felipe Zuleta Lleras al anotar que: “No debe estar contento el senador Uribe, como no lo están miles de votantes por Zuluaga, quienes vieron cambiar su posición de manera radical, a pesar de que votaron por él precisamente por su posición frente a la guerrilla”. Agrega, que esto lo hizo no por razones electorales sino electoreras. No porque realmente le importe la paz del país.

              A Zuluaga le esperan varios llamados a la Fiscalía para que responda por el escándalo relacionado con el hacker y Álvaro Uribe tendrá que responder por el delito de calumnia por no haber podido presentar pruebas contra la campaña de Santos de 2010, de haber recibido dos millones de dólares de forma ilegal.

              Recién conocidos los resultados de la primera vuelta, Zuluaga se sintió presidente. Sus gestos y sus palabras así lo exhibieron. Que sin triunfalismo recibieron sus partidarios el ‘triunfo’, mentiras. Olvidan que las verdaderas fuerzas políticas están por definirse en la segunda vuelta tras las adhesiones de lado y lado de las campañas. Hay expectativas por la captación de los votos de los abstencionistas, de los que votaron en blanco para que decidan escoger, de los votos de los candidatos que perdieron en primera vuelta y no clasificaron para la segunda, etc.

                Llama la atención las posturas de la Alianza Verde y del Polo. Dejar en libertad a sus adeptos en la segunda vuelta. Partidos que no toman partido se deslegitiman por sí mismos. Sobre todo en momentos tan definitivos para la historia del país que no debe prestarse para ambigüedades. Se lavan las manos, pues están con ambos candidatos y con ninguno, medias tintas. No obstante estas posturas, varios dirigentes de estos partidos apoyan a Santos por aquello de la paz, como está sucediendo en no pocas regiones.

               Seguramente, Santos terminará fortalecido en estas últimas semanas de campaña con más adhesiones de las que se vienen presentando y se pueda consolidar el triunfo el próximo 15 de junio. Su política de paz y del Buen Gobierno seguramente primará ante el descrédito que han querido imponer sus enemigos y detractores. Colombia requiere con urgencia superar el cuadro complejo de violencia y de disgregación social. Decía el ex presidente Virgilio Barco que el cambio es inevitable en las sociedades y que por lo tanto los conceptos de justicia, igualdad, libertad, orden y solidaridad, debían guiar el criterio de quienes tienen en su poder los instrumentos para influir en la vida social. Pensamos que en la actual coyuntura política, Santos tiene los instrumentos para evidenciar los cambios que requiere Colombia y que deben comenzar por hacer posible la paz.

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