Columnistas en campañas políticas


El asunto no es de ahora. Es algo reiterativo en procesos electorales. No se da en determinadas regiones sino en todo el país. Es posible que pase desapercibido pero no es conveniente para la democracia.
Algunos columnistas de prensa vienen dedicándose a hacer propaganda a los candidatos de sus conveniencias. Mala cosa, porque utilizar los espacios de opinión para señalar directa o indirectamente por quiénes es conveniente votar no es ético. El voto debe surgir del acto de libertad de cada persona; de una acción consciente y libre de cualquier tipo de manipulación.
En los procesos electorales lo que se requiere en esencia, es de un periodismo ético, crítico y propositivo y no de un periodismo acrítico, lambón y sin sentido social. La libertad de prensa así como tiene sus alcances tiene sus límites.
En varios artículos sobre el tema del periodismo hemos hecho hincapié en el sentido de que el objetivo central de un periodista está en su motivación hacia el bien público. El valor de la verdad debe ser un baluarte y el comportamiento ético de quienes opinan o informan debe convertirse en regla conductora.
Es fastidioso, que precisamente en épocas de campañas políticas, algunos decidan hacer de las columnas de opinión tribunas electoreras. Actitud que se contrapone al decoro, a la igualdad de oportunidades, en detrimento de aquellos que no tienen el privilegio de utilizar los medios y a los columnistas para que los contenidos de la información u opinión, de alguna o de múltiples maneras les favorezcan. Algunos columnistas caen en los extremos de la adulación, con ello no disimulan su interés en el bien propio porque a leguas se siente, se huele y se sabe que esperan alguna contraprestación futura y que no dan puntada sin dedal.
Hace algunos años, Héctor Abad en artículo: “Periodistas en campaña” (Revista Cambio), anota: “Creo que mis colegas, en caso de querer votar por algunos de los candidatos, deberían ejercer el derecho electoral en el secreto de las urnas, pero no usar los espacios de opinión -o peor: de información- para hacer campaña”.
Es necesario construir desde la opinión una democracia transparente. No se trata de poner trabas a la libertad de prensa y mucho menos darle cabida a la censura. Es cierto que muchos periódicos en nuestro país, incluyendo el nuestro, permiten diferentes opiniones, multivariados pareceres; diferentes enfoques, puntos de vista y reflexiones. Pero es necesario pensarlo con calma, con cabeza fría, si vale o no la pena seguir utilizando las columnas de opinión en propaganda y en proselitismo político.
Como ciudadanos y electores es posible que los columnistas tengamos preferencias. Sin embargo se contrapone a la ética periodística utilizar los espacios de opinión en manifestar por quién o quiénes definiremos el voto, perjudicando a otros candidatos que no cuentan con el privilegio de contar con voceros. El objetivo central del periodismo verdadero es la defensa del bien público, prebendas sectoriales o individuales huelen feo. Enferman de osteoporosis la democracia. No es que como forjadores de opinión tengamos que marginarnos de comentar, criticar programas, propuestas y actitudes de los políticos. De hecho lo hacemos. Expresar lo que gusta y lo que disgusta, lo acertado y lo desacertado, lo bueno y lo malo, lo posible y lo imposible, etc. Todo esto es muy diferente a manipular el voto.
En ocasión de la elección de gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y miembros de las juntas administradoras locales, hace unos años la directora del periódico “El Colombiano” de Medellín, sugirió a los colaboradores o columnistas no remitir escritos que contuvieran sus preferencias electorales por ser una actitud favorable al equilibrio informativo del periódico. Y añade: “Lo hacemos en virtud del pluralismo que nos anima y del principio rector que nos guía: dar a todos de los candidatos a elección popular igual oportunidad. No sería justo señalar a dedo a unos e ignorar a otros. Como hay candidatos privilegiados que tienen voceros entre los columnistas del periódico, lo mínimo que podemos hacer, en aras de la equidad, es decirles a esos columnistas que no opinen a favor de su favorito ni en contra de quienes le compiten por el mismo cargo. Los columnistas deben saber, y los periodistas de profesión tienen que saber, porque es norma rectora de nuestra ética, que el derecho a la información no es de nosotros sino de todos los ciudadanos. Ellos tienen el derecho de recibir la información más completa posible y, nosotros, el deber de suministrársela”.
Agrega que los columnistas, “no pueden tener el privilegio -ni pueden tenerlo sus favoritos- de señalar a dedo al que les guste. Las páginas de opinión de “El Colombiano” se abstienen de ser un espacio para la publicidad política de unos pocos, en perjuicio de una mayoría que no tiene promotores ni defensores oficiosos o de oficio. Lo hacemos por los principios de libertad responsable, pluralismo e igualdad de oportunidades”. Sugerencia de la directora del periódico que algunos tildaron de censura pero que muchos consideramos acertada decisión democrática.



