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Domingo, 4 de octubre de 2026

Colombia en la mira

Colombia en la mira
Colombia en la mira
Imagen generada con ChatGPT (OpenAI).

FELIPE-SOLARTE-NATES

Aliviado su país de la gran carga de armar y justificar la genocida ofensiva en Gaza desatada por los ultras sionistas liderados por Netanyahu, la visión imperial de Trump se concentra en su “patio trasero”, justificando en la “guerra contra las drogas y el terrorismo”, la intervención primero en Venezuela, donde al robarse las elecciones Maduro dio papaya y fue señalado como jefe del “cartel de los Soles”; y ahora en Colombia, a cuyo gobierno primero descertificó en la lucha contra las drogas y se enfoca contra el presidente Petro, cobrándole su osadía de atreverse en las calles de New York a llamar a la desobediencia al ejército norteamericano: “Le pido a todos los soldados del Ejército de Estados Unidos no apuntar contra la humanidad sus fusiles. Desobedezcan la orden de Trump. Obedezcan la orden de la humanidad».

Con acusaciones falsas, como las del gobierno de Bush, que por lo menos pedía permiso al Senado, -cuando a comienzos de este siglo justificó la invasión a Irak en la existencia de supuestas fábricas de armas químicas- el gobierno ultraderechista de Trump, con tendencias monárquicas, -que el 18 de octubre fueron rechazadas en más de 2.000 movilizaciones organizadas por la oposición en ciudades norteamericanas-, no dudó en acusar sin pruebas al presidente Petro, de ser jefe del narcotráfico en el país, y anunció la suspensión de toda clase ayudas al gobierno y las fuerzas armadas y la imposición de nuevos aranceles a las exportaciones colombianas que tienen su principal mercado en los Estados Unidos.

Difícil paso para Venezuela y Colombia, en momentos en que la guerra de los israelíes contra Hamas en Gaza y la de Rusia contra Ucrania, demostró la inoperancia de las Naciones Unidas, de los Derechos Humanos para proteger a la población civil en medio de los conflictos y del Derecho Penal Internacional para los culpables de crímenes de guerra, abriendo las puertas a caprichos bélicos de autócratas, narcisistas e inestables emocionalmente como Trump, (el gato, o el “tigre de papel”, como llamaban los maoístas al imperialismo norteamericano) careado por buscapleitos como nuestro presidente Petro (el ratón) que al igual que su peliamarillo contendor, ignoran la diplomacia para resolver diferencias entre sus naciones, y como en cualquier ring verbal callejero, desfogan sus iracundias tecleando y vociferando en las redes sociales.

Las declaraciones de Trump contra el presidente Petro también hay que relacionarlas con el momento político prelectoral que vive nuestro país, ad portas de la elección del candidato del Pacto Histórico para enfrentarse a los del Frente Amplio en las elecciones de marzo, y con la posibilidad de que triunfe el proyecto progresista que inició el actual gobierno y el “coco” del expresidente Uribe, Iván Cepeda.

Azuzados por dirigentes del Centro Democrático, que desde hace años tienen buena conexión con dirigentes republicanos de Miami encabezados por el actual secretario de Estado, Marco Rubio, y varios congresistas, no es de extrañar que quienes en el gobierno de Duque apoyaron al gobierno en el aire de Guaidó y pidieron la invasión norteamericana, hayan solicitado al gobierno de Trump, intervenir en Venezuela y Colombia, resucitando la política de las cañoneras del viejo oeste, de disparar primero y averiguar después.

Como cuando Hitler se tomó a los Sudetes checoeslovacos y en su guerra rápida bombardeo e invadió a Polonia, en Gaza, justificando los bombardeos indiscriminados contra la hombres, mujeres y niños ajenos al conflicto, comprobaron que entonces no hubo Sociedad de las Naciones y hoy no existe Organización de las Naciones Unidad, ONU, sus filiales de Derechos Humanos y Corte Penal Internacional, CPI, que detengan sus ofensivas militares, abusos y crímenes de guerra.

La mayor reserva petrolera del mundo, los ricos depósitos de oro, coltán, aluminio y otros minerales de Venezuela y la multidiversa riqueza de Colombia en medio del Atlántico y Pacífico, justifican cualquier guerra en complicidad con las elites alineadas con mantener sus privilegios y compartirlos con los invasores, al igual que los contratos de “reconstrucción” de las ruinas que dejen los bombardeos, tal como hicieron los gringos en Irak, cuando la empresa Halliburton, del vicepresidente Cheney, obtuvo un contrato de U$10.000 millones para reconstruir las refinerías petroleras y se alistan para iniciarlo en Gaza, con las empresas del emporio Trump de primeros ofertantes aliados con los cataríes y socios de otros países petroleros.

Este panorama catastrófico preludiado por la destrucción de naves y el asesinato de sus ocupantes, cerca de Venezuela y Colombia, sin primero abordarlas y detener a sus ocupantes si transportan drogas, -tal como lo prescriben los protocolos internacionales-, se extendería en nuestro país y la esquina norte de Suramérica, si no se ponen de acuerdo los sectores sensatos de la dirigencia y comunidades colombianas y se movilizan apoyos en la bancada demócrata en el Congreso norteamericano, en los países latinoamericanos, en la Unión Europea, en Asia, África y Oceanía.


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Felipe Solarte Nates