
Periodista Acord-Valle
Lo digo con mucho respeto: Me parece que lo hecho hasta ahora por el Atlético Nacional en la actual Copa Libertadores, loable por cierto, no alcanza, sin embargo, para enmendar la deprimente página que dejó impresa el fútbol colombiano, superada en este caso hasta por Bolivia.
Muchos dirán que el equipo antioqueño hizo lo suyo y que nada tiene que ver con la terrible pobreza del Cali y Santa Fe. Y puede ser cierto. Pero no es menos cierto que Nacional salvó los muebles apenas en la última jornada, tras haber sufrido mucho en los juegos anteriores e, igualmente, haber exhibido un fútbol deprimente.
Su andar por los juegos previos a la última jornada, por poco no sólo lo saca del objetivo, sino que hoy lo tendría en la guillotina. O, mejor, estaríamos, la mayoría de los colombianos, con un hacha en la mano, buscando cabezas.
Se me dirá que «le tocó un grupo muy difícil». Pero no es cierto. Cuando se realizó el sorteo se pensó así, es verdad; pero luego, en la cancha, los cuatro equipos nos cambiaron la opinión.
No estamos tratando de hacerle un juicio a nuestro campeón, porque aún es prematuro, pues tiene toda la Copa por delante. Pero, sin tener alma de verdugos, justo es decir que no obstante su clasificación a segunda ronda, su comportamiento está en deuda, porque exceptuando el último partido, con Newll’s, su fútbol fue tan pobre como el de Santa Fe y Deportivo Cali.
Por eso decimos que, hasta ahora, no tapa la mediocridad expuesta por el fútbol colombiano en la Copa.
Nos queda, entonces, esperar a que, en adelante, pueda mostrarse como el emblema que es de nuestro fútbol, porque, de resto, la verdad es que no tenemos nada.
Y pare de contar
Sí, y pare de contar, «móchela allí», porque lo de Santa Fe y Deportivo Cali es el claro reflejo de lo que actualmente hay en el fútbol doméstico, consecuencia de un mal torneo que deja a los clubes mucho tiempo inactivos y que ha generado una preocupante pobreza en sus arcas y, por simple lógica, una raquítica posibilidad para contratar jugadores que nos mejoren el nivel mediante su poder de convocatoria.
La actual Copa Libertadores, no nos digamos mentiras, nos ha colocado en una posición que muchos se resisten a creer, en el concierto suramericano, pero que parece ser cada día más evidente.
En esta Copa sólo superamos a Venezuela y Ecuador, únicos países que se quedaron sin representantes en la segunda ronda, que, hay que decirlo, tampoco es que sea mucho logro alcanzarla.
Hasta Bolivia nos aventajó, clasificando a Bolívar y a The Strongest, lo mismo que México, que pasó a León y a Santos Laguna; Cerro Porteño y Nacional llevarán la representación paraguaya; Unión Española lo hará por Chile y Defensor, por Uruguay. De Argentina y Brasil, ni hablemos, pues pasaron la primera ronda con cuatro y tres escuadras, respectivamente.
Entonces, si nos detenemos un poco, tenemos que aceptar que nos superaron equipos sin mayor capacidad.
Que el Deportivo Cali no haya sido capaz de ubicarse entre los dos primeros de un grupo de cuatro al lado de Cerro Porteño, Lanús y O’gigins, es verdaderamente humillante.
¿Y qué decir de Santa Fe? Es cierto, le tocó a un duro Mineiro, de Brasil. Pero, por Dios, ¿qué tienen Zamora, de Venezuela y Nacional, de Paraguay? Absolutamente nada. Aún así, el flamante Santa Fe no fue capaz.
Se me dirá, también, que nuestra Selección de Mayores es cuarta en el mundo y que vamos para el Mundial, y es verdad, pero con jugadores que ya no pertenecen a nuestro fútbol doméstico, a nuestros clubes. Son jugadores que, con sus enormes condiciones, recrean fecha a fecha a otras instituciones, a otras aficiones.
Pero acá, en Suramérica, como acaba de quedar demostrado con los clubes, lo que nos queda es muy poco. O, mejor dicho, casi nada.
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