Colombia celebra el Día del Niño

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Este 25 de abril, el país honra a sus niños y niñas con una fecha que va mucho más allá de la fiesta: es un llamado urgente a garantizar que cada infancia en Colombia sea vivida con dignidad, seguridad y alegría.
Por Alfonso Luna Geller / Este sábado 25 de abril, Colombia se viste de colores para celebrar el Día Nacional de la Niñez y la Recreación. Parques, escuelas, comunidades y hogares de todo el país abrirán sus puertas al juego, la risa y el afecto, en una jornada que la ley colombiana reserva cada año para el último sábado de abril. Pero detrás de las piñatas y las rondas, esta fecha carga un mensaje profundo: la infancia no es solo una etapa de la vida, es el fundamento sobre el que se construye el futuro de una nación.
Una fecha con historia y con ley
Fue en abril de 1999 cuando el país celebró por primera vez esta jornada, impulsada por el espíritu de la Declaración de los Derechos del Niño adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. El acto fue un gesto de reconocimiento hacia la infancia colombiana y una invitación a la sociedad a reflexionar sobre sus obligaciones con los más pequeños.
Dos años después, el Congreso de la República formalizó esa celebración mediante la Ley 724 del 27 de diciembre de 2001, que instituyó el Día Nacional de la Niñez y la Recreación como fecha oficial en el calendario colombiano. La norma estableció que este día se celebraría el último sábado de abril de cada año, y ordenó a las instituciones del orden nacional, departamental y municipal diseñar y ejecutar programas de carácter lúdico, recreativo y educativo que garanticen a los niños y niñas el acceso a opciones de salud, educación extraescolar, recreación, bienestar y participación.
Vale la pena recordar que, a nivel internacional, el Día Mundial del Niño se conmemora el 20 de noviembre, fecha proclamada por las Naciones Unidas en 1954. Colombia, como muchos países, optó por escoger su propia fecha dentro del margen que la ONU permite a cada nación, construyendo así una celebración con identidad propia.
Jugar es un derecho
La Ley 724 es una declaración de principios: el juego es un derecho fundamental de la infancia, no un pasatiempo accesorio. La Convención sobre los Derechos del Niño y el Código de la Infancia y la Adolescencia colombiano lo ratifican: cada niño y niña tiene derecho a recrearse, a jugar, a explorar el mundo con libertad y seguridad.
En ese sentido, los eventos que llenan este sábado los parques y las comunidades no son simples actos de entretenimiento. Son la expresión concreta de una obligación compartida entre la familia, la sociedad y el Estado. Como lo establece la propia ley, el propósito de esta celebración es «avanzar en la sensibilización de la familia, la sociedad y el Estado sobre su obligación de asistir y proteger a los niños y niñas para garantizarles su desarrollo armónico e integral».
Lo que la UNICEF recuerda: derechos que aún faltan
La celebración también es una oportunidad para hacer un balance honesto. La UNICEF ha señalado reiteradamente que los niños deben tener garantizado el acceso a alimentación suficiente, vivienda digna, servicios médicos y espacios de recreo, como condiciones básicas para un desarrollo saludable. Los menores con alguna afección física o mental, además, deben recibir atención y cuidado especial que les permita acceder a la educación en igualdad de condiciones.
En Colombia, esos estándares siguen siendo una aspiración incumplida para miles de familias, especialmente en los territorios del Pacífico, el Caribe y las zonas rurales más apartadas. La pobreza, la violencia, la desnutrición y la falta de acceso a servicios básicos siguen limitando el derecho de muchos niños y niñas a crecer en un entorno seguro, amoroso y lleno de posibilidades.
Una semilla que la sociedad debe regar
El Día del Niño es un recordatorio anual de que la infancia tiene derechos que no pueden esperar, y que una sociedad se mide, entre otras cosas, por la manera en que trata a quienes aún no tienen voz para exigirlos por sí mismos.
Que este 25 de abril sea, entonces, mucho más que una jornada de recreo. Que sea el inicio de compromisos concretos: más escuelas bien dotadas, más espacios públicos seguros para jugar, más familias acompañadas, más políticas públicas que pongan la infancia en el centro. Porque un niño que crece con derechos garantizados no solo construye su propio futuro: construye el de todos.



