CIRCULO CERRADO


La reciente sentencia condenatoria contra los exministros Sabas Pretelt y Diego Palacio y contra Alberto Velásquez, le devuelve la dignidad jurídica al tipo penal del Cohecho, asaltada impunemente…
Los colombianos nos acostumbramos a pensar por varios años en un exabrupto, que Yidis Medina iba a cargar con el peso de un delito que era imposible material y jurídicamente que lo cometiera sólo ella, sin el concurso de nadie. Además por el que purgó cuatro años de cárcel, al probarse que cambió su voto como parlamentaria, en favor de la reelección de Uribe, por algunos puestos públicos en favor de sus amigos. Situación ésta absolutamente inverosímil e inequitativa, por lo demás, e inexplicable a la luz de los artículos 405 a 407 de la Ley 599 de 2000, nuestro Código Penal vigente.
Por eso es que la reciente sentencia condenatoria contra los exministros Sabas Pretelt y Diego Palacio y contra Alberto Velásquez, le devuelve la dignidad jurídica al tipo penal del Cohecho, asaltada impunemente.
La figura es de aquellas que requiere inevitablemente del concurso de dos voluntades, de sujeto activo y pasivo, de una conducta bilateral, si se quiere, para que nazca a la vida jurídica, como tal. De no darse esos elementales requisitos, no puede merecer algún reproche social, y como dicen los tratadistas, el accionar es atípico, lejos de cualquier sanción punitiva.
Quedó una vez más en evidencia que el gobierno de entonces no se detuvo ante nada ni nadie, para asegurar su permanencia más allá de todo control constitucional y legal, así tuviera que subastar, como lo hizo, al mejor postor, importantes posiciones del Estado.
Otra gran empresa criminal gestada y alimentada desde altas esferas y dignidades. Como la otra, la de las interceptaciones ilegales, sofisticada e imperceptible, pero igualmente perversa.
El propósito final de ambas era, sin duda, blindar para unos pocos el ejercicio del poder, su usufructo y disfrute. Es que el Cohecho, dicen, se escribe con C de Corrupción.
El círculo de este tenebroso episodio, para bien de la legalidad y de los colombianos, por fin, se cerró como debía. Pero falta todavía que se develen otras verdades ocultas.



