CHAPLIN, EL GRAN DICTADOR (1940)


CHAPLIN, EL GRAN DICTADOR (1940)

Generalmente, la caricatura burla o hace crítica; muestra el lado oscuro, cínico, débil, feo, ridículo de las cosas.
En el caso que nos ocupa es el ángulo espantoso, incongruente de una realidad histórica.
Y aquí se muestra diestro Charles Chaplin, en este filme de 1940, cuando la fiebre nazi ya era una temible y real amenaza para el mundo, terrible golpe a la humanidad, a la inteligencia y la cordura.
Chaplin hace gala de sobrada calidad en recursos expresivos; era indudable su genio para comediar situaciones; dotado cineasta para proponer parodias de la realidad; hacía comedia crítica con el virtuosismo más expresivo en su actuación.
Inigualable destreza, soltura y versatilidad, loable maestría lo acompañan en cada situación; en cualquier momento, caracteres y matices son sorpresa, gesto de imaginación y repentismo.
Sin ninguna reserva, su remedo más incisivo ridiculiza aquí al régimen nazi-fascista.
Su pantomima de Hitler (Hynkel aquí) tiene la fuerza y comicidad de una advertencia aleccionadora.
Magistral remedo crítico de un hombre-régimen, en «El gran dictador» lo burlesco fue logrado con la maestría que merece aplauso rotundo.
Y el excepcional discurso moralista del final subsana idealísticamente lo que de otra forma habría sido el gran insulto a toda la humanidad de buena voluntad.
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