Celebraciones suicidas

Celebraciones suicidas.
Cada vez que alguien cumple años, la familia se reúne con el homenajeado para compartir una torta, gaseosa, algunas cervezas o una copa de vino, incluso aguardiente o whisky si estamos de muy finos. No faltan los acompañamientos: helado, papas fritas con mucha mayonesa o salsa de tomate; y, según el presupuesto, cualquiera de estas opciones: perritos calientes, hamburguesas, crispetas, frituras, dulces, lechona, salchipapas, arroz con pollo o arroz chino.
En fin, lo importante es que haya comida y bebida para todos.
Luego viene la foto de grupo, y a veces bailamos o realizamos alguna actividad: un bingo, una partida de lotería, una ronda de chistes o una sesión de canciones cuando alguien saca la guitarra.
Hasta allí, todo parece perfecto: alegría, unión familiar y buenas intenciones.
Sin embargo, hace poco, por motivos de edad y salud, fui al médico. Después de escucharme, me dijo algo que me dejó pensando:
—Está muy bien celebrar —me dijo—, pero, según lo que cuenta, cada fiesta familiar es una reunión para comer comida chatarra y dañina para el cuerpo, y todo eso acumulado “le está pasando la factura”. En otras palabras, usted se sienta a comer veneno en familia, a suicidarse de manera inocente. Y eso de decir “lo que no mata engorda…” mmm, permítame aclararle que toda esa vaina lo engordó y lo está matando (y seguramente también a más de uno de sus allegados que lo acompañan en esas reuniones).
Y tiene razón. Sin darnos cuenta, hemos convertido las celebraciones en pequeños rituales de autodestrucción. Festejamos la vida con alimentos que nos enferman, que elevan el azúcar, la presión, el colesterol y la gastritis, que nos vuelven obesos, amén de los daños renales y posibles afecciones cardíacas. Como quien dice: al homenajeado, en lugar de regalarle salud y amor, lo invitamos a comer lo que puede acortar su vida. ¡Toda una paradoja!
—Sin darse cuenta, señor —me dice el médico—, con el dinero y el cariño de todos, al cumpleañero y a los asistentes les sirven platos que los matan más temprano. Lo que comen con alegría, tarde o temprano, pasa su factura: azúcares, grasas, exceso de sal, frituras… amor en forma de veneno.
Quizás ha llegado el momento de repensar nuestras celebraciones.
¿No podríamos festejar la vida sin ponerla en riesgo?



