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Martes, 13 de octubre de 2026

CATTLEYA NEGRA, UNA ODISEA HACIA LA FASCINACIÓN

CATTLEYA NEGRA, UNA ODISEA HACIA LA FASCINACIÓN

Bulevar de los días - Leopoldo de Quevedo y Monroy

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.
Loco-mbiano.

CATTLEYA NEGRA, UNA ODISEA HACIA LA FASCINACIÓN
Carátula de la novela y su autor lee un fragmento en Morelia.

Desde que oí hablar a Ricardo Hernández Ramírez supe que estaba en la presencia de un visionario y apasionado de la ciencia y la naturaleza. Su verbo saltaba como ciervo experto entre la historia de su vernácula Morelia, México, las familias de las orquídeas, los recorridos de los astros y la descripción de la ciudad. Detrás de su mirada se podía adivinar el perfil del investigador y soñador. Posteriormente supe que este arquitecto había ganado el Primer Premio en un Concurso de Novela y que se la había publicado la Comisión Forestal del Estado de Michoacán, Junta de Gobierno 2012-13, México.

La he leído de tres tirones. Su lenguaje es claro con el tinte propio de la idiosincrasia de México con sus vocablos y modismos. Ocupa su interés en narrar una historia sobre el principal protagonista y en ello se ocupa en la mayor parte del libro de 214 páginas. Paralelamente muestra su faceta de amante del mundo de las orquídeas con la cual va matizando todo el relato que le da el carácter de novela. Es tan vívido que a veces pareciera que es el trasunto de acontecimientos de un personaje real.

El protagonista es Renato, un joven mexicano casado y con un hijo, ávido de viajar para conocer parajes silvestres, con flores de especies vernáculas y endémicas que había conocido por medio de la red maravillosa de internet. Desde su llegada a Sao Paulo y a Río de Janeiro y empezar a tratar con gentes trashumantes de hoteles, bares y calles, con el escaso dinero que hacía rendir, su vida se fue permeando del ambiente. Diego Santacruz, colombiano, es un personaje que inspira a Renato en la búsqueda de su destino.

La fascinación y exuberancia de las ciudades brasileras lo avasallaron. Su lenguaje pegajoso, la distinta belleza femenina, el paisaje alegre y la vida nocturna que apenas podía probar lo van absorbiendo. Hasta llegar casi a olvidarse de su esposa Regina y de su hijo. Hubiera querido devorar todo el paisaje pero es demasiado extenso, de intrincadas comunicaciones y poblada de una selva amazónica teñida de negro y verde. Tenía que encontrar el eslabón que le permitiera entrar en contacto con los secretos de una vida lejos de su patria y de las costumbres de sus ancestros mexicanos.

Lo desconocido lo llamaba, como sirena encantada. Hernández lleva a cabo su relato en 6 capítulos. La mirada puesta en quimeras juveniles lo va llevando a situaciones que lo encierran y casi le cercenan la pasión de llegar hasta la cuna de la cattleya trianae. Sumido en el vórtice de la lejanía de su terruño, del tráfico de piedras preciosas y la vida aparente de un agente secreto que lo llevan a la tortura, aparece de nuevo su guía Santacruz.

Lo adentra él al incógnito mundo de la selva, con sus habitantes, lenguaje, costumbres y ritos ancestrales hasta colmar su afán de llegar hasta la esquiva cattleya negra.

Ricardo Hernández lee: https://youtu.be/p3CDmgqVX5o

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