CARTA PARA GERMÁN PABÓN GÓMEZ


Querido y apreciado Germán:
Tus amigos que hemos compartido el privilegio de tu amistad nos encontramos profundamente desconcertados, porque conocemos la profundidad del dolor que debe sentir quien por su alta sensibilidad humana, como esteta de la vida, ha purificado sus sentimientos en la fragua del conocimiento y la fraternidad física y moral.
Son tiempos dolorosos, tan lacerantes que suscitan no sólo tristeza sino indocilidad moral contra todo lo que pretenda comprender la ausencia de un ser querido que justificaba la existencia misma.
Esa sensación de pérdida de tu hija Isabella, apreciado hermano Germán, es un golpe que suspende toda esperanza, derrumba nuestros credos y nos produce la sensación de orfandad total.
No obstante, hermano, ese dolor es un camino inexorable, más difícil cuando la tragedia nos induce y nos lleva a caminarlo y sentirlo primero que nuestros seres queridos.
El dolor familiar obra como un camino hacia la liberación y con sus gestos, recuerdos, sentido de religiosidad y la presencia de las amistades el ejercicio de vivir es menos duro.
Enormes y colosales los momentos cuando un padre o una madre no diferencian la tragedia del tener que dormir y la tragedia del tener que despertar: insoportable el vacío, insoportable la nostalgia, insoportable la ausencia.
No obstante Germán, a tus amistades de ayer, de mañana y de siempre, les sobra alma para abrazarte con tanta fuerza y tanto calor humano como para que no te sientas solo.
Contigo y con tu familia.
Jorge.



