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Domingo, 4 de octubre de 2026

CARTA ABIERTA

Lina - Uribe
Omar Orlando Tovar Troches
Por: Omar Orlando Tovar Troches / [email protected]

Señora
Lina María Moreno Mejía
Exconsejera Presidencial de Programas Especiales.

Distinguida dama: Reciba un muy respetuoso, pero fraternal saludo.

Doña Lina, créame que decidirme a escribirle estas notas ha sido un proceso tan o más difícil que pedir plata prestada una persona desconocida, calidad en la que nos encontramos usted y yo. Por lo pronto, no se preocupe que no se trata de un asunto tan procaz como lo es el dinero.

Dispénseme usted algunas mínimas claridades antes de emprender el tema central de esta comunicación. Quien estas líneas escribe es reverentísimo como el que más ante el debido respeto, el derecho al disenso, y cómo no, al sagrado derecho a la vida en privado.

Una vez hechas las salvedades, pasemos al meollo de esta comunicación.

Quisiera apelar a su esencia de mujer, sensible, amante del pensamiento, como lo demuestra el hecho de ser graduada en Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia Bolivariana, y citando al autor Díaz Valero en su poema Definición de mujer: “Una mujer es un portento / de esperanza y sensibilidad; / es alma que da sustento / a toda la humanidad”, para solicitar sus buenos oficios ante su compañero de vida, el expresidente y hoy honorable senador de la República, el doctor Álvaro Uribe V., para que al menos reflexione sobre sus últimas posiciones y aseveraciones en contra de todas aquellas personas que no comparten ni su cosmovisión ni su ideario político.

Sé, por las poquísimas declaraciones públicas que usted ha hecho, que prefiere estar exenta de los vaivenes de la vida pública, que usted preferiría, y a fe que casi lo ha logrado, ser Lina Moreno y nada más, pero desafortunadamente, y usted lo sabe muy bien, en ocasiones no podemos apartarnos de nuestro entorno y de las personas que lo comparten.

Sí. Es un atrevimiento, luego de haber expresado mi respeto por la intimidad de los demás, pero como también se escribió, este es un caso muy particular atinente a personas públicas como ustedes y en especial su compañero de vida, el doctor Uribe.

Y me atrevo a hacer tan descabellada petición ateniéndome a lo afirmado por usted en entrevista a María Isabel Rueda, publicada en la Revista Semana de Junio de 2006: “Sí, yo muchas veces le digo: Uribe, con calma, con serenidad… Pero eso es como tratar de tapar un volcán con una mano. El sí es muy ‘voladito’. Yo no voy a negar que es ofuscado y que es bravo, pero tiene una cualidad: se le baja el ofusque y no sigue rumiando su rabia y su rencor”.

En la esperanza de lograr que usted le insista a su cónyuge en meditar sobre la reconciliación, y mucho más ahora que empezamos a ver la posibilidad de dar los primeros pasos en la construcción de eso que usted y casi todas las mujeres anhelan: La reconciliación y la paz. Recuérdele, por favor, lo que le dijo a María Isabel Rueda en esa entrevista: “…a Antonio Navarro. El país, todos tenemos una deuda con él, que no hemos saldado. Para mí, si alguien le ha enseñado al país sobre reconciliación y perdón, es él. Y curiosamente seguimos patinando en el argumento de que fue guerrillero, de que tiene las manos manchadas de sangre… Si todavía estamos en eso, ¿cuál es la viabilidad de este país? Él representa lo que es la reconciliación…”.

Y es que como Navarro, somos millones de hombres y mujeres que creemos en la reconciliación y en la salida negociada a este último conflicto armado, así no estemos alineados con él (Navarro) ni con su esposo.

Disculpe la impertinencia de esta comunicación, pero reitérele eso de que “la política no se hace con ataques personales ni con rumores”. Es muy posible que a él le pase lo mismo que nos pasa miles y miles de hombres en Latinoamérica, estamos marcados por el sino del patriarcado multicentenario que cargamos a cuestas y mucho más cuando por culpa de algunas amistades cercanas se nos hace creer que somos el ombligo del mundo y que la nuestra es la “última palabra”.

Pero al igual que a la mayoría de los hombres de esta tierra, en ocasiones no nos bastan ni las goticas de valeriana, ni el consejo de otro hombre, ni lo que digan las encuestas. Es allí en donde a usted, doña Lina, le ruego el favor de hacer lo que hacen nuestras abuelas, nuestras madres o nuestras tías y que en la mayoría de las veces sale de boca de nuestras compañeras de vida: una palabra cariñosa, sincera y firme para hacernos recapacitar.

Sé que es mucho pedir y mucho más viniendo de una persona a la que usted no conoce, pero, por el bien de esta tierrita le pido que haga el intento, quien quita que su voz sea más poderosa que la de los contradictores de su compañero y más inteligente que la de algunas malas amistades con las que se junta don Álvaro, su esposo y hoy honorable senador.

Presentándole nuevamente mis excusas por el atrevimiento, sin otro en particular, todas mis consideraciones.

Atentamente,

Orlando Troches
Caucano preocupado.

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