Carta a Esperanza (II)


“Ah, no te olvides que este año debes continuar acompañando a las víctimas y a quienes sin tregua levantan los huesos de la tierra para que las flores no nazcan de luto en los territorios de la Nación”.
Estimada Esperanza, aguárdame, no vayas más allá de mis deseos y de quienes ya te conocemos en este maravilloso ejercicio de vivir y de soñar.
Sabes que yo ando rápido, a veces precipitadamente, pero como sé que conoces mis fortalezas y desalientos, -las equivocaciones por querer derrotar el tiempo sin haberlo retado primero-, te invoco que concertemos los pasos, que los ajustemos a nuestra imaginación, para que los caminos no se conviertan en quimeras tramposas que arruinen nuestros más recónditos deseos.
Seamos claros, Esperanza, es tiempo de balances; sin embargo, no ha sido costumbre nuestra hacer arqueos y cálculos; justo es reconocer que nunca hemos tenido alma de mercaderes.
Las preocupaciones cardiovasculares por conocer los inventarios y estados de pérdidas y ganancias no hacen parte de nuestras utopías.
Al convite debemos llevar estrictamente lo que somos; si permitimos que el balance se haga con dobles movimientos, falsas expectativas y prismas engañosos, como si tratáramos de conocer la evolución de un patrimonio, los frutos serán amargos.
Son momentos de cotejos morales, de rigor en los reconocimientos, de franqueza en la confrontación de las verdades, no hacerlo equivale a tolerar las pautas que quieren imponernos y seremos separados brutalmente del camino.
Para comenzar, admitamos que te veo mal, recuerda lo que te decía hace algunos años, “te veo maltrecha, se nota el deterioro de tu cuerpo, también el mármol se arruga, aunque lo fundamental es que conservas intacto el optimismo, que es lo que al fin y al cabo te permite vivir admirada por todas y por todos”.
“Cae otra piel, cae otro año, cae otro calendario, cae otro ciclo, pero ahí sigues, siempre la misma, aún en tiempos en que crece la certidumbre de que el futuro del mundo será devorado por la irracionalidad del mercado”.
“No obstante, Esperanza, te mantienes firme; por eso haces parte de mi piel, de mis sueños, de mis equivocaciones y mis retos. Sumergida en las mareas del espíritu, en las tempestades del orbe, en los terrenos movedizos del abatimiento, sales airosa; eres la misma, igual que cuando caminas sobre arena hirviendo o te abres paso por senderos livianos. Sabes caminar con sandalias en llamas”.
“A tu lado viajan los hombres y mujeres que sufren y creen en ti, víctimas de las bombas que sacuden la tierra. Estás con los pueblos que construyen libertad a golpes de clamores”.
“De alguna manera eres anarquista, nada con el presente, todo contra la dictadura del pasado. No te vas bien con los que hacen el papel de Sísifo, ni transitas por los caminos de los bestiarios del remordimiento”. Celebro compartir que no serás derrotada en la contienda.
“Por eso, Esperanza, eres fuerza vital que obliga a soñar y convivir contigo. Cuando los peones caen, cuando los caballos se desploman, cuando las torres se derrumban, cuando los alfiles no señalan caminos y cuando los soberanos abdican y se fugan, eres la única que canta”.
“Los de abajo creen en ti. Cuando desenvainas la espada de la justicia social y sales al encuentro del amanecer, te siguen hasta el triunfo porque eres profeta de mejores tiempos”.
“No nos abandones el año que comienza, sé irreductiblemente apasionada y fanática. Enséñanos cómo se hace una ajuste de cuentas sin muertos, en paz, sin la miseria moral de los ajusticiamientos extrajudiciales y el repugnante sobresalto del secuestro”.
“Un año más para que enciendas los deseos aplazados de las gentes, para que los desahuciados de la tierra no sean aniquilados, ni calcinados, como seres anónimos, o caigan exterminados por ráfagas de hambre. Mantén siempre alta la confianza”.
“Comprométete, Esperanza, a caminar con la vida, para que el amor no sea un tren con regreso, para que al final del Año que comienza no haya que incinerar los íconos y los fetiches que simbolizan la soberbia y el delirio de los enemigos irracionales de la paz y la fraternidad entre todos los seres humanos”.
“Ah, no te olvides que este año debes continuar acompañando a las víctimas y a quienes sin tregua levantan los huesos de la tierra para que las flores no nazcan de luto en los territorios de la Nación”.
“Posdata: Entrégale este año a las colombianas y colombianos las coordenadas exactas de la justicia social y verás que sí es posible creer en un país donde la misión del poder no sea la de salvar a unos y esclavizar a otros”.
Finalmente, Esperanza, que nadie en Colombia, por poderoso que sea, hoy o mañana, exhume el cuerpo de la paz para mandarlo a asesinar de nuevo. Hasta pronto.



