CARRASQUILLA


CARRASQUILLA

El ministro Carrasquilla está entre la espada y la pared. Pero si el debate dado ayer en el Congreso no lleva a su renuncia o destitución, y sí a dilaciones eternas de las dudas, ello simplemente significa que al gobierno no le interesa luchar contra la corrupción, como lo prometió en su programa de campaña.
No le interesa la ética de los funcionarios públicos. No le interesa salvar al país de los graves problemas que surgen diariamente y que continuamente se agravan por los deplorables y repudiables manejos que les dan los apoderados del tema, llámense ministros u otras instancias de la institucionalidad, posibilitadas segura o hipotéticamente para hacerlo. No le interesa sacar del pantano infamante de la pobreza a los municipios ni al pueblo. No le interesa que las regiones puedan alcanzar su desarrollo posible. No le interesa ni importa que se adquieran las más odiosas, imposibles y onerosas deudas por pagar, y eso a los más altos y detestables costos para las regiones y ciudadanos del común, y que por el contrario lesionan por años el bien, desarrollo y evolución de la realidad pública. No le interesa que el pobre quede más pobre, desprotegido y burlado por las sutiles estrategias de ciertos funcionarios estatales, condenando entonces al mismo pueblo a pagar por los males que no ha hecho. No le importa la verdad de los hechos sino su encubrimiento, la minimización e invisibilización de la verdad, de los derechos y aspiraciones de la colectividad…
No le importa nada de ello; porque lo que interesa es salvar el rótulo de un funcionario, de un individuo que no es la nación ni su mayoría; de un grupúsculo que guerrea por su «buen nombre» ante la duda mayoritaria de un país que reclama se investigue la verdad…
Lo que interesa es mantener el statu quo con su quiebra permanente y en declive, pero no la atención ni dedicación al bien urgente y público, ni a la magnánima obra de trabajar en verdad por el país…
Porque para realizar esta magna obra lo que se requiere es únicamente disposición, buena voluntad, transparencia, amor por la verdad, por la equidad, el bien común y la justicia, y estas distinciones regias y humanitarias no necesitan la condecoración ni reconocimiento público de los falsos gobiernos, sino la nobleza y dignidad que deben distinguir a un Hombre y Estado Verdaderos.
**RVQ**
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