Carlos Alberto Piedrahita: Bota la basuraaaaa…
Personajes del Puerto
Por las calles de Puerto Tejada diariamente con un estilo inconfundible un reciclador con su carreta en mano grita: “Carlos Alberto Piedrahita: Bota la basuraaaaa…”.
Conocido como “Beto”, Carlos Alberto Piedrahita recoge de los hogares y establecimientos comerciales al menos 300 kilos diarios de desechos sólidos con lo que se gana el sustento de su familia.
Al igual que “Beto” decenas de carreteros de alguna manera llenan el espacio que deja la Administración Municipal por su deficiencia en la recolección de las basuras que producen 70 mil portejadeños y que pagan entre mil y dos mil pesos por la recogida de estos humildes hombres y quienes deben transportarla hasta los centros prohibidos de acopio de desechos en sitios como la propia plaza de mercado, cuyo mal aspecto no ha podido erradicarse dando la visión mugrienta de un pueblo tercermundista.
Las autoridades sanitarias reconocen que la recolección y disposición inadecuada de las basuras en Puerto Tejada permiten el desarrollo de insectos que se alimentan de ella produciendo algunas enfermedades al hombre como por ejemplo la tifoidea, paratifoidea, amibiasis, diarrea infantil y otras enfermedades gastrointestinales.
‘Beto’, quien ya es un personaje de reconocida marca ecológica consciente del aspecto sucio que tiene algunos sitios de la ciudad nos asevera: “Cuando las basuras se acumulan en un lugar se forman los basureros que causan molestias a las personas, generando malos olores, convirtiéndose en criaderos de moscas, cucarachas, ratones y contaminando nuestros ríos, el suelo y el aire en general. Lo que yo hago con mi trabajo es evitarle estos males, para que el puerto no se vea tan cochino”. “Yo vivo de la pésima prestación del servicio de recolección. Pero me da tristeza por las basuras que malos ciudadanos arrojan a campo abierto, en las orillas de los ríos en las calles y lotes vacíos y que causan deterioro en el medio ambiente y afectan la salud de las gentes, no hay conciencia ni amor por el Puerto”.
Carlos Alberto Piedrahita sabe que como reciclador sus labores de servicio a la comunidad, más que a sí mismo, es una de las más importantes consecuencias del ser un hombre humilde, que se ocupa menos de los suyos al preocuparse de la comunidad con la que convive inundada por las basuras.
Su actitud modesta, atenta, alentadora, que la sencillez de su condición arrastra consigo, repercute ya, de por sí, en el observar y conciencia cívica de sus conciudadanos que muchas veces ven en ‘Beto’ al que los “salva de las incomodidades de las basuras”.
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