
Foto: Ministerio de Cultura y Patrimonio
Capital cultural y capital económico: un maridaje obligatorio.

Muchos países en el mundo realizan periódicamente una Encuesta de Consumo Cultural (ECC). El objetivo es recoger datos sobre las prácticas de las personas relacionadas con el consumo de bienes y servicios culturales.
La ECC cruza periodos de referencia con temáticas. Por ejemplo, una temática específica es la lectura de libros. Ésta averigua cuántos libros lee en un tiempo determinado la población de ese país.
Otras temáticas que investiga una ECC son: asistencia a conciertos, recitales de música, asistencia a exposiciones artesanales, teatro, ópera, danza, fotografía, pintura, y escultura, entre otras.
Según datos de la ECC los libros leídos en promedio al año en los siguientes países son: Canadá y Francia 17; EE. UU 12; Inglaterra y Corea del Sur 11.
El desarrollo económico de un país se mide a través del Producto Interno Bruto PIB. Un indicador de crecimiento, productividad y prosperidad de la población. Según datos del Banco Mundial, el PIB per cápita (en miles de dólares) en los siguientes países es: Canadá 53.246, Francia 44.460, EE. UU 81.695, Inglaterra 48.886 y Corea del Sur 32.422.
No es una coincidencia y menos una verdad absoluta pero se infiere que la relación del promedio de libros leídos por la población de un país y su PIB per cápita es directamente proporcional. Los números arriba esbozados indican que los países con mayor registro de libros leídos al año tienen un PIB per cápita significativo.
Una evidencia histórica para darle más fuerza argumentativa a la conclusión anterior se puede explicar en parte por el asunto religioso. Canadá, Francia, EE. UU, Inglaterra y Corea del Sur son países con una mayoría protestante y en esta religión la lectura del evangelio es de carácter obligatorio. Una costumbre, un hábito, una práctica cultural que hizo que sus fieles adquiriesen un determinado capital cultural, con la lectura no solo del evangelio sino de otro tipo de literatura, que influenciaría en la economía de sus países.
En Colombia, los datos de la ECC realizada por el DANE en 2020, particularmente sobre la lectura de libros, la población mayor a 12 años leyó en promedio 2 libros al año. En Colombia el PIB per cápita (en miles de dólares) es de 6.979.
Colombia es un país de mayoría católico. La lectura de la Biblia fue un asunto exclusivo de los curas y de una elite que sabía leer y escribir. Leer y escribir en el siglo XIX era un asunto de poder. En 1900 había 4,5 millones de habitantes y el 70% era analfabeta. Hoy Colombia tiene alrededor de 51 millones de habitantes y el 6% de analfabetismo.
Cuando se estudian las estadísticas de lectura lo que se observa verdaderamente es la complejidad del país. Un análisis de los datos corrobora dos grandes realidades de Colombia: su amplia diversidad y su enorme desigualdad.
En el caso de la lectura significa la coexistencia de diversidad de lecturas, los jóvenes frente a la lectura de los adultos. La de los jóvenes es una lectura marcada fundamentalmente por el deber y las exigencias escolares. Los adultos leen muy poco. Y algo paradójico, los que menos leen son los maestros.
En el caso de la desigualdad, según el Índice de Gini, es del 0,49, cifra que mantiene a Colombia en el podio de los países más desiguales del mundo.
Existe un consenso en que la inversión en el capital cultural, particularmente en la educación, conlleva significativos beneficios. Una población con altos índices de educación tiene mejores salarios, mayor movilidad social, reduce la desigualdad, mayor convivencia y tiene efectos persuasivos sobre la violencia.
Apuntalar el capital cultural es una de las formas más poderosas para estimular el crecimiento económico y construir una sociedad más democrática, justa y en paz.
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