CANCIÓN A DOS MANOS PARA ALEJANDRA*


Loco-mbiano
Tocar a dos manos para interpretar la canción de Alejandra Lerma es un atrevido intento. Tarea deliciosa aunque nunca he tocado piano ni arpa. Tan solo he leído su partitura de la que salen luces y sombras y por las que entran el sol y los amaneceres. Hablar de ella y con su poesía es como volver como Homero a oír una sibilante voz de sirena encallada en la oscuridad que llama y hace devolver los remos.
Alejandra, de ojos negros y sonrisa de dulzaina blanca nos trae un diapasón de imágenes a través de los retratos y las sombras que se le atraviesan mientras camina. Su padre, su hermano, la muerte y el cuerpo que la habitan son motivos para cansar su espalda. Muy joven ha aprendido el abecé de la vida y nos lo dice simple y como charlando al oído.
Su lenguaje es intimista, un poco salado, existencial, retrata la oscuridad pero no es oscuro, teñido de fogonazos y cierre de ojos que invitan a dialogar con ella y continuar viviendo. Sus poemas tienen nombres fuertes que no personifican ni tildan a nadie. No son puertas cerradas sino exhalaciones de silencios que la persiguen como luces o sombras y las agarra al vuelo para masticarlas y no dejarlas ir sin saborear la substancia negra.
Hay sabores para la añoranza, caminar ansioso sobre una línea incierta, olores a eneldo y tomillo para banquetes de versos, corazonadas nerviosas que hormiguean entre la piel y el deseo. Para Alejandra la vida es apenas un recodo oscuro iluminado de angustia y un hermoso y marchito río que deambula por su enfrente.
Como una filósofa de la sociedad su poesía va entrando a las profundidades del ser y a su paso escudriña quien lleva pesares en el bolsillo o la aridez de los veranos. En sus versos trata de ensamblar las tristezas con la verdad y las lluvias. Se conduele de la ingravidez de las lágrimas en el duelo y de la fatuidad de las condolencias cuando los cuerpos se vuelven ceniza y el diálogo se hace insípido ante la realidad difunta.
El sol de las 3:50 ha sorprendido en la calle a Alejandra montada en su bicicleta. Minuto a minuto hace la crónica hasta que el astro hace perder los horizontes de su infancia, su juventud y le muestra a la muerte. La tarde y la luz se han hundido en las sombras. Es el mensaje que deja el Sol detrás de su ocaso y que ha escrito Alejandra luego de su cabalgar en la bici.
Nos queda en el cuerpo, lo mismo que ella, una sensación de saudade, de remanso y letargo. La luz nos alumbra, nos guía y seduce. Las sombras producen sopor y quietud. Tan parecido al sueño profundo que se llama muerte, cuando la luz se apaga y nos traga para convertirnos en recuerdo.
Leamos y miremos si nos embruja esta sirena encantada.
Alejandra y Daniela: https://youtu.be/RAaZN4V2by4
*El texto hizo parte de la presentación conjunta de las dos poetas en la Biblioteca del Centenario de Cali el 8 de octubre de 2015 a las 6:30 p.m.
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