Camino al cadalso
Sintiéndome algo confundido, abrumado, medité toda la noche sobre lo que refería dicho personaje siniestro, y pude al final de un rato determinar que planteó un argumento que evidentemente no podía provenir de la mente retorcida y perversa de un personaje oscuro de hace dos siglos. En fin, luego de mucho especular deduje que a la luz de la naturaleza evolutiva de las sociedades, los principios, valores, y todo lo que conforma y potencia las tendencias sociales, no han variado mucho en los últimos siglos, aún más, para cualquier contexto de este nuevo mundo globalizado se aplica de la misma manera, respeta los mismos principios, un desmesurado anhelo de poder en el que los ricos se hacen mas ricos y los pobres mas miserables.
Siguiendo el carácter de mi reflexión considero que hasta el mismo concepto de pobreza entraría a replantearse, ya que no depende de la capacidad adquisitiva que tiene el individuo o su nivel de marginalidad, sino de su estado de bienestar, el propio el que se auto genera y el que debería de garantizar el Estado, al menos eso dice nuestra vulnerada constitución y cientos de leyes que se sustentan en la necesidad de mantener unas condiciones de vida dignas que escapan a las evidencias de lo concreto…
Pero no quiero ser pesimista, no quiero sembrar en terrenos áridos la semilla del inconformismo, es mejor plantear soluciones prácticas a los problemas vigentes y no enfrascarnos en ejercicios de retórica mal elaborados, si es bien sabido el problema pues tomemos medidas.
Teniendo en cuanta que los grandes problemas de las sociedades emergentes, industrializadas y globalizadas giran en torno a los pobres, y concientes que los únicos responsables de su marginación y segregación no están dispuestos a abrir sus bolsas a las necesidades colectivas, a humanizar su corazón, o tan siquiera a ser elocuentes, pues no seria mala idea adoptar la táctica de la solución final; una ruta empedrada, tortuosa, exclusiva para el tránsito de los marginados, (obreros, desempleados, enfermos, drogadictos, meretrices y ancianas) la cual los conduciría al cadalso, ese lugar en donde se puede al fin esperar algo seguro, cómodo, propio, y lo mejor, digno, ya que teniendo en cuenta las condiciones actuales en las que esta enmarcado el desarrollo de la sociedad no hay cabida para personajes tan variopintos y multiformes como los llamados por Cristo hombres de buena voluntad…
Licántropo 888.
[1] Sade, Justin y los infortunios de la Virtud, Madrid, Altaya, 1996, Pág.30.



