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miércoles 5 abril, 2017 a las 10:16 pm

EL CALOR DEL SOL

sol
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
http://www.facundocabral.info/plumas-invitadas-texto.php?Id=440

El calor no es del sol. Viene de él. Es una sábana de puntitos hirvientes que nos cubre cabeza, cara y mejillas, espalda, pecho, estómago, piernas y hasta la punta del pie.

Cuando uno tiene frío, el calor entra por la piel y va penetrando a todas las células del cuerpo hasta que queda saturado y empieza la sudoración y la fiebre. Son sensaciones opuestas la del frío y el calor. Ambas las sentimos y las deseamos. Alguien desea un poquito de frío cuando está haciendo calor y alguien desea calor cuando tirita por las punzadas del hielo que ha calado hasta los huesos.

¿Qué sería del ser humano si no hubiese sol que nos proveyera de calor y de luz? Tal vez no amanecería y todo se reduciría a un mundo en tinieblas, con mucho frío y anduviéramos todos cogidos de la mano para no caer en cualquier hoyo o precipicio. Tal vez todo sería como en los polos. Habría nieve por doquier y viviríamos en iglúes. Tal vez habría rascacielos que nadie podría ver si no que usaran linternas de luces negras para iluminar las cubiertas y entradas.

Cualquier fósforo sería un tesoro y la luz del celular serviría para leer o iluminar la carretera de hielo. En los clubes y discotecas sería un peligro bailar. Cualquiera se podría equivocar fácilmente de pareja y la temperatura se calentaría y se derretirían las paredes.

El calor del sol empieza muy temprano. No se ha levantado uno aún y en la cama se siente un calorcito que nadie se perdería. Junto a la mujer amada se arrunchan el corazón y los brazos y se oye, en el fondo del alma, cantar a Garzón y Collazos. No hay plato, no hay manjar ni almíbar parecido a este placer de todos los días. Ni son las cobijas o las sábanas es el corazón que late como un sol y esparce su halo sobre los cuerpos.

Sale uno a caminar y quisiera que el sol ardiera allá en la cima para que animara a las iguanas a salir y mostrar su lengua retadora a su «enemigo» para que venga a conversar con ella. Sale uno a la calle y debe llevar ropa ligera porque el sol calienta para todos y no tiene compasión con nuca, mejillas, brazos, pantorrillas, manos y empieza el sudor a aparecer en la frente y las axilas.

Mas no le podemos pedir al sol que no brille. Qué sería del agua del mar, de las estaciones, de las semillas en los surcos, de los niños que no han nacido… nada hay bajo el sol que no necesite de él para nacer, crecer y conservar su lozanía. El astro rey tiene unas funciones que debe cumplir inexorable y su calor no se siente pero está dentro de todo ser viviente: del agua, de la nube, de la tierra, del vientre la madre gestante, del enfermo en su lecho para que pronto se levante.

05-04-17                            7:30 a.m.

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