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Sábado, 3 de octubre de 2026
viernes 17 marzo, 2017 a las 3:34 pm

EL CAER DE LA TARDE

Leopoldo
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
https://elojodepez.wordpress.com/2009/12/06/a-la-sombra-de-un-arbol/

Et iam summa procul villarum culmina fumant
maioresque cadunt altis de montibus umbrae.

Y a lo lejos las chimeneas de los caseríos ya humean
y más grandes caen desde los altos montes las sombras.

PublioVirgilio Marón en la Égloga I.

La tarde cae. Parece una frase de cajón. Como si caminara en las horas de la mañana sobre prados y flores y en la tarde sobre un piso resbaloso. Pushhh, se desinfla el globo, se va achuchurrando y su estómago va cayendo sobre sus rodillas, doblado. Qué imagen tan pobre y macilenta. La tarde es nemorosa, llena de recuerdos, de paisajes que pasaron a su retaguardia. Tal vez es por eso que cae.

La tarde mira hacia atrás y se tropieza. Da un traspiés largo y cae sobre los valles y los montes, como lo cantó Virgilio. El sol a lo lejos deja ver bajo unas nubes doradas por su fuego como unas casas que humean. Sale de entre ellas un vaho de entre las chimeneas y envuelven los montes y se duermen en paz. Ya el paisaje no las vuelve a ver y se olvida de la vida que reinaba en vegas y juncales.

El destino de la tarde parece lóbrego. Es la vejez del día, al parecer. Después de la luz, de la lozanía de ciudad, del campo, de los jardines, de la campiña toda, del canto y el revoloteo de aves y retozo de caballos y lobos en sus madrigueras, llega el reposo, el silencio de la selva y las sombras salen de su cueva.

Qué rápido corrió el día. No parece que la tarde formara parte de él. Día es luminosidad, gorjeos, batir del viento sobre la cara y entrecerrar de los ojos por el reflejo de los rayos del sol en las pupilas. Casi que el día se resumiera en la mañana. Y piensa uno que la mañana no quiere a la tarde. Son hermanas pero no se quieren. A medio día se encuentran en la mitad del camino y se dan las espaldas a continuación. La mañana cierra la ventana y se olvida de la luz que la precedía.

Ah, de las comparaciones con la vida. Ah, de la niñez al alba, ah, de la juventud a las 10 de la mañana, ah, de la madurez a las doce del día con el rigor del fuego del señor de las alturas y ah, del comienzo de una tarde larga, que camina lenta hacia la quietud, el silencio y la paz del sol de los venados con los arreboles rojos y morados. Todo, desde el alba, hasta el anochecer con el latido de los perros cansados de ladrar, pregona que la vida está retratada en el espacio de cada día.

No. No estoy diciendo que las tardes son feas, aburridas, arrugadas y que caminan lentas. No. Las tardes son señoras y señores que gozaron de la bondad de las mañanas. Cantan, bailan, tararean lo que aprendieron cuando madrugaban a la escuela y saltaban a la cuerda con sus compañero/as en las rondas.

Los valles, que cambian su verdor intenso de la mañana por el gris o color seco por los rayos del sol sobre la cara, vuelven al día siguiente a reír y retozar como los alazanes sabios que saben de memoria el camino y donde se alzan los pastos con zumo y aroma de mujer en celo.

16-03-17                                           5:31 p.m.

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