CAE SAMÁN POR LAS SIERRAS DEL DAGMA



Ay, qué dolor no volver el canto de las alondras, de los bichofués que nos despertaban cada mañana… Ay, qué dolor no haber podido oír que decía en los lamentos el Samán que nos acompañó por más de 20 años en la media cuadra del Barrio Centenario…, Ah… qué lamentable ver la saña de los obreros que armados con sierras llegaron a dar gusto a una señora que no toleraba las hojas que caían sobre su canal o le ocultaba las vecinas ventanas para mirar cuanto quería… Ya había hecho el intento otras tantas veces y no lo había conseguido…
Vecinas y vecinos salieron de sus casas a defender la vida del pobre samán y nada pudieron hacer. Los trabajadores vestidos de un verde engañoso traían un oficio en el que alguien con poder permitía desde su silla talar un ejemplar joven y con vida útil. Un señor Alfredo Solarte dijo que la orden ya estaba dada, que había que cumplirla y que no se podía hacer nada. ¿No había necesidad de consulta a los vecinos? Solo se hace caso y se masacra a un inocente árbol que da sombra, que presta sus ramas a varias docenas de parejas de pajaritos para habiten en ellas, hormigas, mariposas, lagartijas y cientos de personas que viven de su sombra y gozan de su frescura…
Ya no alegrará con su presencia a los ciudadanos que pasan a diario, a los que viven al lado y en frente. Ya no prestará sus alas para batirlas cuando corre el viento, ya no aliviará el calor ni dará sombra de 10 a 2 de la tarde cuando el sol abrasa con sus rayos, ya no resguardará de las miradas curiosas del frente ni acompañará a quienes vivimos en paz en este barrio central.
Ayer a las 4 p.m. iban llegando las mirlas, los canarios, los copetones, a guarecerse en sus nidos y se encontraron su cama vacía y en el suelo. Sus huevos regados y pisoteados, como los pajaritos que esperaban su comida con su piquito abierto y sin vida. Y uno de los obreros se balanceaba, reído, en la mitad del árbol con una soga de enlazar burlándose de quienes reclamábamos. ¿Qué amor por el buen ambiente tienen estos señores que trabajan en una institución para favorecerlo?

Ha pasado una noche. Esta mañana la frescura no era la misma. Había más calor porque no estaba el árbol que prestaba sus ramas y hojas. No había sombra. Algo hacía falta en la cuadra. El paisaje se había transformado. Algo no encajaba. Un árbol había caído como en una batalla. Lo acusaron de causar daño, de que era un peligro para el Barrio y para la seguridad de los moradores. Habría que ver quién fue el ingeniero que vino a revisar y dio la orden. ¿Fue un geólogo, un ingeniero civil que diera concepto sobre el peligro inminente de los cimientos del pequeño edificio o que arrojaba tantas hojas que tapaba los sumideros o que estorbaba a más carros para que parquearan en su frente?
Oh, Samán, que sin querer nos has abandonado. Perdón, por lo injusto del juicio a que fuiste sometido en una oficina lejana donde se cuida el ambiente. Fuiste vencido sin que tus amigos te pudiéramos defender. Te descuartizaron como cualquier delincuente con sierra y te sepultaron en una volqueta. Ahí queda el muñón de tus pies sanos que certifica que no estabas podrido ni estabas causando daño… ¿Quién nos devolverá el samán con sus demás beneficios?
06-08-16 12:40 p.m.
Policía acude al llamado: https://youtu.be/sTiWpYaGkBs



