Botando Corriente
Por: Diego Luis Carabalí
ENGENDROS DEL MAL
En Colombia diariamente se escuchan versiones de un lado y de otro, sobre abusos y manoseos en materia sexual contra menores; también diariamente se tejen las noticias sobre violadores de niños y niñas hasta el punto de adelantar campañas e iniciativas que muy pronto se convertirán en leyes que permitan imponer castigos ejemplarizantes a los responsables de tales hechos.
Pero el flagelo se acrecienta mas y mas desde los planteles educativos, donde pernoctan los “Engendros del Mal” camuflados de maestros o docentes, los cuales sin escrúpulo alguno abusan sexualmente de alumnos y alumnas en diferentes edades aprovechando su investidura.
Muchos de estos casos son denunciados ante las distintas autoridades por parte de los padres y estudiantes afectados que consideran que la única manera de combatir este mal, es haciendo público amparándose en los organismos encargados de investigar e impartir justicia; aunque pocas veces se hace justicia, pero sí muchas veces sale perdiendo la víctima es decir el niño o niña o adolescente abusado.
En Santander de Quilichao, Departamento del Cauca, Colombia, Suramérica, estos casos se repiten y se repiten y nada hacen autoridades como fiscalía, comisarías de familia, secretarías de educación e Instituto Colombiano de Bienestar familiar, para llevar hasta feliz término las investigaciones.
Estos “Engendros del Mal” camuflados de docentes, siguen deambulando por sus planteles educativos cosechando mas victimas a quienes no solo manosean y ultrajan; sino que también amedrantan con hacerles perder áreas y porque no sus periodos, sino también amenazando a sus mismos padres, como es el caso de una madre de familia de quien me reservo el nombre por su seguridad e integridad, la cual muy desesperada hizo el relato de lo que a su hijita de escasos nueve años y a cuatro compañeritas mas les había sucedido con un profesor que no solo les obliga a sentarse en sus piernas, sino que les besa en la boca y hasta les manosea sus genitales.
A las niñas que hacen las denuncias a través de sus padres se les señala como mitómanas y chismosas, aduciendo que ellas se inventan las versiones de los abusos a los que dicen ser sometidas. Pero, qué impotente se siente cualquier padre que después de hacer las respectivas denuncias; ve como el resto de maestros compañeros se confabulan y protegen a quien es acusado; y no solo sus compañeros sino también sus directivos docentes quienes consideran que con trasladar al docente acusado de un plantel a otro, se soluciona el problema y se olvidan de que lo único que están logrando es trasladarle el problema a otra comunidad educativa.
Desde esta tribuna reclamamos justicia por parte de las autoridades y una explicación valedera a la sociedad de parte de las directivas de estos planteles, así como de la secretaría de educación y el bienestar familiar.





