BOB MARLEY, AMO DEL REGGAE Y EL RASTA


Loco-mbiano

One love, One heart,
let’s get together and feel all right,
hear the children crying
sayin’, «give thanks and praise to the lord and i will feel all right.»
sayin’, «let’s get together and feel all right.»
whoa, whoa, whoa, whoa
Conocí la brillantez de la garganta de Bob Marley hace unos diez años en las playas de Salinas, Ecuador. Desde la cima, a las 8:00 a.m. el sol salía tímido y su voz y el ritmo de Stir it up se expandían soberanos sobre el mar azul. Mis oídos se llenaron de la pegajosa melodía y su inconfundible acento. Ya se había causado el dulce y negro milagro de conocerlo.
No sabía de la estatura de Bob, ni de sus bucles gruesos, pero su magnetismo me había tocado. Me veía alzar cadencioso los pies y danzar con mi novia por sobre las nubes del amor. Alcé los ojos y me sumergí en los lentos compases y seguí caminando con su brazo entre el mío.
Bob Marley me conquistó ese día. Ya había oído y bailado reggae en San Andrés alguna vez pero escuchar en grabación tan fiel esa voz, ese timbre, esa lentitud y soul profundo producían un sabor en el cerebro que nunca olvidaría. Esos golpes secos acompañados del coro, de la guitarra y el órgano eran la combinación ideal para el mensaje que cantaba y embrujaba.
Luego volví a escuchar su voz en la tienda de artesanías y discos donde compré el Cd con sus más famosas canciones. Quien lo vendió puso algunos apartes y la melodía resonaba en el techo de la gran tolda como bajo la bóveda de una catedral. No woman no cry, Buffalo soldier, One love… no había pieza regular, todos eran hitos, perlas que se iban confundiendo entre las arenas de Salinas.
He ido conociendo la altivez de su figura no solo en el mundo de la música sino el influjo que ejerció con su apoyo a la causa de su pueblo jamaiquino y rastafari de los lejanos ascendientes africanos. Lo vemos y recordamos con su dreadlocker y sus rastas que lo identificaban sobre las tarimas y las carátulas.
Las letras de sus canciones develan los anhelos de sus aspiraciones. Soldado-búfalo, rastafari de dreadlocks. / Había un soldado-búfalo en el corazón de América. Un amor, un corazón. Juntémonos todos y nos sentiremos bien. / No llores mujer Recuerdo cuando solíamos sentarnos en la plaza de gobierno de Trench Town. Observando a los hipócritas mezclarse con la gente bien que conocemos. Amor por los compañeros de la vida, compasión por los olvidados. Añoranza por ver una patria justa. Ese era su credo rastafari. Y ese el sello del golpeteo del timbal.
En 1945 nació en Nine Miles, Jamaica, vivió su niñez en Trench Tawn y fue un ciudadano del mundo luego. Hoy nos queda a todos sus amigos el legado y la melancolía que se desleía de su boca y de su aura. En 1981, un 11 de mayo murió abatido por un cáncer.
Lo oiremos con avidez sus fans el próximo 17 cuando el Museo Grammy de Los Ángeles lance una edición de sus conciertos. Y se impregnarán nuestras neuronas de su treno y de su gloria.



