Bienestar familiar y la niñez


Grande le ha quedado el manejo de la problemática de la niñez a la institución encargada de su atención, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Se nota la improvisación, fallas en el manejo profesional de niños y adolescentes, quienes por desgracia, y por la irresponsabilidad de los mayores, caen en situación de vulnerabilidad, en violaciones a la ley penal.
La primera sensación que se tiene es que sus acciones no son planificadas, sus responsabilidades las ha descargado en fundaciones y ONG que hacen lo que pueden, movidas más por las motivaciones altruistas de sus promotores que por su capacidad de gestión frente a la niñez en situación de vulnerabilidad. Muchas veces, funcionarios de Bienestar llevan a los menores a los “internados” sin ningún tipo de análisis previo, tan solo con una boleta de traslado elaborada por la policía de infancia, sin motivación alguna, por lo tanto, los niños, son recibidos sin ningún estudio técnico, sin análisis de sus antecedentes personales y familiares, sin análisis del entorno de donde provienen, por lo que las fundaciones son las que tienen que construir el diagnóstico muchas veces sin contar con los recursos técnicos y científicos.
Y los más lamentable es que, la mayoría de las veces, cuando el menor ha sido sometido a un proceso de socialización y de adaptación, Bienestar Familiar suspende el proceso, ordenando el traslado a otro centro, o su reintegro al seno del hogar, origen de la situación de vulnerabilidad, sin que se haya completado la inmersión, y sin que la familia haya recibido ayuda para que el trato digno del niño sea garantizado. No pocas veces los niños son dados en adopción rompiendo la unidad familiar y los lazos afectivos del menor con sus hermanos con otras personas que pudieran llenar los lazos de afecto.
Sin duda el problema de la niñez en situación de vulnerabilidad tiene muchas aristas. El principal problema, el origen de la situación de maltrato, delincuencia, drogadicción y pandillaje se origina en la incapacidad de los padres para ofrecer una vida digna a sus hijos. Hay agudos problemas de discriminación, imposibilidad de emplearse de los padres, incapacidad para conseguir lo correspondiente a las necesidades básicas insatisfechas.
De allí que los niños, a edad muy temprana, son llevados a desempeñar tareas de adultos, a laborar para el sustento.
La situación de marginalidad de los padres, obliga a que los niños sean utilizados en la mendicidad, el raponazo, la distribución de productos alucinógenos, las pandillas.
Como la acción del Estado es mediático, cuando actúa el Instituto de Bienestar Familiar, los niños han violado ya la Ley Penal, han cometido delitos.
La acción del Instituto es tardía porque no hay políticas de prevención a la familia, la mayoría de las acciones son de tipo represivo, como si los niños fueran responsables de sus acciones a las que han sido abocados por la situación de marginalidad y pobreza. Para completar, cuando una madre sustituta o una Fundación actúa en la recuperación del menor, el proceso se suspende por consideraciones ajenas a las necesidades del niño, por falta de presupuesto, por ejemplo, o de espacio para mantener al menor en el programa, sin que pesen las circunstancias particulares del niño.
Desde luego que los sectores en situación de vulnerabilidad en los niños son los estratos más bajos. Los niños son víctimas de padres analfabetas, de madres prostitutas, de progenitores en situación de delincuencia. Los negros y los indígenas aportan la más alta cuota de abandono y delincuencia en los menores. Entonces, los niños no son delincuentes porque quieren, es que hay origen en la injusticia social latente que el Estado debe atender, debe actuar en favor de una población realmente vulnerable, para que esa vulnerabilidad no se convierta solo en una expresión técnica de las autoridades.



