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domingo 12 marzo, 2017 a las 6:17 pm

BETSABÉ

Betsabé
Gloria Cepeda Vargas
Gloria Cepeda Vargas

Los personajes fundamentales de la historia muchas veces brillan un momento para luego caer en el olvido. No todo lo que nos contaron en las aulas es cierto. Los intereses de quienes manejan la sartén administrativa se imponen silenciando lo importante y enarbolando nombres que de haber sido evaluados con discreción, hace tiempo habrían desaparecido de los fastos nacionales.

En las reseñas de principios del siglo XX en Medellín, donde empezaban a surgir fábricas y talleres que reclamaban mano de obra barata, encontré un nombre casi desconocido. El de Betsabé Espinal, una obrera de la Fábrica de Hilados y Tejidos de Bello, Antioquia, agitadora de lo que fue un acontecimiento sin precedentes: la primera huelga laboral femenina aparecida en Colombia y el primer paro ocurrido en una factoría textil moderna.

En esos tiempos de bárbaras naciones el campesinado antioqueño desembocaba en Medellín en busca de trabajo y era normal contratar mujeres y niñas con edades comprendidas entre los ocho y los catorce años de edad, que representaban mano de obra sumisa y barata. Obligadas a trabajar descalzas, acosadas sexualmente por el capataz de turno, con agobiantes jornadas de trabajo y multas impuestas por motivos tan inconcebibles como caer enfermas o distraerse, ganaban el 40% que los hombres y por ese motivo en 1920, las mujeres representaban el mayor porcentaje de mano de obra en el Valle de Aburrá: el 79% integrado en su 83% por mujeres solteras.

Betsabé Espinel, nacida en Bello el 1º de diciembre de 1896, era hija natural de doña Celsa Julia Espinel. Sus míseras condiciones laborales la llevaron a liderar la huelga de 1920. Tenía entonces 24 años de edad y aunque se conoce muy poco de su adolescencia e infancia, se anota como dato curioso que sabía leer y escribir.

Su carácter decidido y el ascendente que tenía sobre sus compañeras de trabajo, la impulsaron a actuar. Entre el 11 de febrero y el 17 de marzo de 1920, 400 trabajadoras lideradas por ella suspendieron sus labores en la Fábrica de Hilados y Tejidos de Bello, en una huelga que suscitó la simpatía de gran parte de la sociedad: clero, poetas, funcionarios públicos, periodistas, compañeros de lucha. Periódicos como El Espectador, El Luchador y El Correo Liberal, las apoyaron recolectando fondos para proveer su manutención. No obstante su estrato campesino y humilde, Betsabé fue el alma del paro, viajó a Bogotá y a Medellín con el fin de denunciar ante las autoridades lo justo de su protesta y no le tembló la voz para manifestar a los patronos lo que en derecho reclamaban. Después de 29 días de huelga, el dueño y presidente de la empresa cedió ante los reclamos de las trabajadoras. Lograron un aumento salarial del 40%, obtuvieron permiso para trabajar calzadas, jornada de 10 horas de labor y despido de los funcionarios que las violentaban sexualmente.

Betsabé murió en Medellín electrocutada por un cable de alta tensión el 16 de noviembre de 1932 a los 36 años de edad y aunque su nombre brilla por su ausencia en la memoria colombiana, es digna de admiración su actitud en un país de mujeres silenciadas a la fuerza. Su valor y conciencia cívicos, a más de representar un icono en la formación y mantenimiento de la industria manufacturera en Antioquia, reivindica la imagen simbólica del telar manejado exclusivamente por mujeres pioneras en el reconocimiento de la dignidad del obrero y la manera en que el progreso económico del país empezó con la creación de la clase obrera organizada y la inclusión de la mano de obra femenina al trabajo remunerado.

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Imagen tomada de: www.legadoantioquia.wordpress.com