BEETHOVEN 7:30 EN CONCIERTO



Qué noche la de anoche en la Sala Beethoven de Bellas Artes de Cali. Actuaban dos colosos del bel Canto: el bajo Arturo Orozco Varela y la soprano Beatriz Eugenia Quiceno Valencia. Él, maduro y curtido en salas de allá, en Europa y de aquí en Colombia y Cali, y Ella, voz cristalina y joven como una mañana con cierzo tibio y sol naciente. Qué noche la de anoche. Todavía se oyen las notas mordidas y masticadas del bajo-bajo Arturo y la encumbrada voz que subía hasta lo más alto que daba la garganta de la ruiseñora.
Estaba anunciado un recital doble y lo empezó el bajo lírico y experimentado Arturo. Fiel al programa interpretó Gia il sol dal Gange del italiano Alessandro Scarlatti, Nina, de Juan Bautista Pergolesi y Danza, danza, fanciulla, de Francisco Durante. La voz algo bronca del bajo sonaba como un trueno lleno de aguacero. La técnica y la gracia lo adornaron. Siguió, luego de un intermedio de Haydn de piano en las manos del virtuoso Juan Carlos Muñoz. Y terminó Arturo la primera parte con la pieza Bonita rama de sauce del argentino Carlos Guastavino y dos composiciones de Astor Piazzolla El Chiquilín de Bachín y Balada para un loco.
El público que había llenado buena parte de la Sala que hace honor a Beethoven en Cali, se divirtió con la postrera interpretación del gaucho y su lunfardo. Pero faltaba la segunda parte de la fiesta. Entró la espigada figura de la solista vestida toda de tul negro Beatriz, nombre de la que pudo guiar a Virgilio hasta el cielo. Así Beatriz Eugenia venía con su voz a elevar nuestros sentidos hasta las cumbres donde se pierden los silbidos del viento.
La que ha cantado en óperas como Elíxir de amor, Cosi fan tutte, Carmen y Orfeo, traía en su garganta las notas elevadas de cuatro piezas de W. A. Mozart en L´ho perduta, me meschina, Ach ich liebte, el motete Exsultate, jubílate y finalizó con Durch Zärtlichkeit und Schmeicheln.
Debo confesar que nunca había oído en vivo y en directo una voz tan clara y diáfana, tan argentina y afinada. Su garganta es prodigiosa. Cuando sonó en la Sala su voz parecía que nos hallábamos en la Scala de Milán o en el Colón de Bogotá. El recinto se perfumó con el sonido y las paredes resistieron su fuerza y devolvieron a los oídos la melodía que rebotaba en ellas. El público estaba absorto. Nadie se movía. ¿Y su acompañante en el piano? Laura Rosales, entretanto sacaba del teclado la armonía y comunicaba su hálito como una lección de encantamiento hasta Beatriz Eugenia.
Qué final de Concierto tuvo anoche la afortunada Sala Beethoven. La última obra de Mozart, la hubiera querido oír su autor y habría abrazado con emoción a la cantante. Nadie se movía ni respiraba fuerte. No querían sino gozar aquel dúo de artistas allá en el escenario como si dieran un concierto en el Olimpo.
09-11-17 6:01 p.m.
Arturo Orozco canta a Piazzolla: https://youtu.be/6dUtze1Z-G4



