BAÑARSE EN AGUA ES MUY HUMANO
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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
No tenemos fotos de Eva y Adán, como prueba de que con ellos nació el uso de lavarse uno el mugre, los sudores y el barro que se pega al cuerpo a nuestro paso y contacto con el suelo. Sin duda que por la finca de El Paraíso corría un arroyo que diera frescura a tantos árboles que allí había y ellos iban a retozar en las tardes en sus aguas. Tenían a su disposición miles de litros por segundo y la autoridad ambiental de su época no les impedía meterse en ellas, pues río abajo nadie vivía y no había peligro de contaminación con los pocos desechos que ellos producían al bañarse.
Me imagino que el hombre y su mujer en tiempos cavernarios poco se bañaban. Es decir, poco usaban jabón, esponja, gorro y chingue. No hay registros en piedras ni jarrones en los que veamos nadar en lagos o mares a nuestros antecesores de la edad de la piedra y el garrote. Así como sí hay noticias de que asaban venados y búfalos al fuego que ellos inventaron golpeando el pedernal contra la piedra o frotando leño contra leño.
Hoy, por fortuna nuestra tenemos una herencia que, – no sabemos si es de nuestros aborígenes, pero que no es de los españoles – nos empuja a lavarnos y relavarnos e “incluso”, como dicen en los aviones, después que damos la mano para saludar, por temor de que un virus ambulante nos contamine.
Como hemos acabado el buen ambiente echando al aire gas carbono y pesticidas y aerosoles, y hemos talado bosques y hemos causado erosiones con la explotación de minas, el agua dulce corre peligro de secarse en sus pobres lechos. Los gobiernos no se percatan de esta cercana hecatombe y creen que el remedio es multar a quien le eche un poco más de agua a su cuerpo en la bañera.
Respeto mucho los gatos pardos y a los angoras. Ellos, en verdad, sufren de acuofobia y no resisten ni tocar la llave de la ducha. Para su aseo personal no usan el precioso líquido que disfrutamos los humanos. Utilizan la saliva y se lamen hasta donde pueden. No tienen necesidad ni de toalla ni gastan agua para lavarse los caninos. Nadie lo nota. Andan en el canto de la Taylor o de las altas damas, así, tal vez con algún toque de perfume Chanel. La Naturaleza les conserva su apariencia y salud sin que tengan necesidad de agua para asistir a fiestas o al rincón para vérselas con los ratones.
Vi por TV que los avivatos industriales están vendiendo un medidor de agua para que quien se baña no gaste sino cuatro minutos bajo la regadera. Peor que en un regimiento. El aparatito se enciende, timbra, salta y hasta muerde si usted se demora y gasta unos mililitros más de agua. ¿Hasta dónde hemos llegado? Y la ley no abre la boca para castigar a los criminales que atentan contra el ambiente, la real causa del desastre.
Mientras el ser humano siga siendo de carne y hueso, teniendo sed, sude por axilas, excrete halos por los poros y el globo terráqueo siga recalentándose por la contaminación, el cuerpo pedirá a gritos agua para refrescar su temperatura y mantener aseado todos sus puntos estratégicos. Va a seguir lavando su ropa y aspirando el suave olor del almizcle limpio de la persona amada y de los vecinos.
04-06-10 – 10:26 a.m.
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