Las ballenas juegan en aguas del Pacífico colombiano

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Anónimo
Cuando el mar se vuelve refugio
Entre julio y noviembre, el Pacífico colombiano deja de ser solamente un mar. Sus aguas se convierten en cuna, refugio y escenario de reproducción para las ballenas jorobadas, también conocidas como yubartas.
Después de recorrer cerca de 8.000 kilómetros desde la Antártida, llegan cansadas, delgadas y, en algunos casos, con cicatrices producidas por orcas o por las condiciones del viaje. Su propósito durante esta temporada es reproducirse y dar a luz.
Las ballenas escogen puntos como Bahía Málaga, Bahía Solano, Nuquí, la isla Gorgona y Tumaco. Allí encuentran aguas cálidas y relativamente tranquilas para el nacimiento y los primeros meses de vida de los ballenatos.
El cortejo bajo el agua
De acuerdo con la descripción de científicos citada en el texto original, los machos llegan primero. Algunos pueden alcanzar los 15 metros de longitud y compiten por acercarse a las hembras.
Durante el cortejo se persiguen, se empujan y golpean el agua con sus aletas. Sin embargo, una de sus principales formas de comunicación es el canto.
Se afirma que un macho puede cantar durante varias horas y que ese sonido grave puede desplazarse por decenas de kilómetros bajo el agua. Quienes se sumergen cerca de estos animales pueden percibir las vibraciones antes de identificar con claridad el sonido.
Ese canto forma parte del proceso de cortejo y de la interacción entre los ejemplares que llegan cada año al Pacífico colombiano.

Una danza de toneladas
Cuando una hembra acepta la cercanía del macho comienza una serie de movimientos en la superficie. Las ballenas saltan, giran y golpean el agua con sus cuerpos y aletas.
Uno de esos comportamientos es conocido como breaching, término utilizado para describir el salto en el que gran parte del cuerpo sale del agua antes de caer con fuerza sobre la superficie.
Una ballena jorobada adulta puede pesar cerca de 40 toneladas. Sus aletas pectorales pueden alcanzar varios metros de longitud y son utilizadas durante el desplazamiento, el contacto y las maniobras de cortejo.
El macho puede acompañar a la hembra durante varios días y competir con otros ejemplares. El texto original señala, además, que algunas ballenas dejan de alimentarse durante su permanencia en estas aguas y sobreviven gracias a las reservas de grasa acumuladas en las zonas frías del sur.
El primer respiro del ballenato
La gestación de una ballena jorobada dura aproximadamente 11 meses. Según el relato, el ballenato puede nacer con cerca de cuatro metros de longitud y un peso aproximado de una tonelada.
La cría nace bajo el agua y la madre la conduce inmediatamente hacia la superficie para que respire. Ese primer soplo marca el comienzo de un periodo de aprendizaje que ocurre frente a las costas del Pacífico colombiano.
La madre le enseña a respirar, nadar, desplazarse y protegerse. También la alimenta durante los primeros meses de vida.
El texto original asegura que el ballenato puede consumir hasta 4.000 litros de leche al día y duplicar su peso durante seis meses. Estas cifras requieren contraste científico antes de su publicación como datos definitivos.
Buena parte de este proceso ocurre cerca de manglares, bahías y zonas costeras habitadas por comunidades que han convivido durante generaciones con la llegada de las ballenas.
Las comunidades que las esperan
Los habitantes del litoral suelen decir que las ballenas vienen a parir a su casa. La frase resume la relación que varias comunidades han construido con una temporada que también tiene implicaciones ambientales, culturales y económicas.
El avistamiento se ha convertido en una actividad turística ofrecida por agencias locales y organizaciones de ecoturismo comunitario. Los planes pueden incluir transporte, recorridos en lancha y acompañamiento de guías especializados.
Las personas interesadas en viajar deben consultar operadores autorizados, verificar las condiciones de seguridad y confirmar que las embarcaciones cumplan las normas establecidas para evitar afectaciones a los animales.
El turismo de observación representa una oportunidad para las comunidades costeras, pero también exige controles sobre las distancias, los tiempos de permanencia y el número de embarcaciones que se acercan a cada grupo de ballenas.

El regreso hacia la Antártida
En noviembre comienza la despedida. Las madres y sus crías emprenden el viaje de regreso hacia las aguas del sur.
El texto señala que el recorrido puede durar cerca de tres meses. Para los ballenatos es una primera travesía extensa, después de haber aprendido a nadar y respirar en las aguas cálidas del Pacífico.
Las comunidades quedan entonces frente a un mar más silencioso, a la espera de que las ballenas regresen durante la siguiente temporada.
Su presencia recuerda que el Pacífico colombiano también es un corredor de vida y un espacio esencial para la reproducción de una especie migratoria.
Entre julio y noviembre, el amor puede pesar 40 toneladas, cantar bajo el agua y saltar frente a nuestras costas. En un territorio atravesado por conflictos y fronteras, las ballenas recuerdan que el país también es santuario.
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