ATAJANDO VENEZOLANOS


ATAJANDO VENEZOLANOS

Por alguna razón que solo la historia podrá explicarnos, el gobierno del presidente Santos decidió, tercamente, negar que el asunto de los refugiados de Venezuela estaba creciendo. Tuvieron que reunirse los gobernadores con el presidente de la república y plantearle el problema para que él y su canciller tomaran medidas. Pero da risa la clase de medidas que tomaron. Primero, reforzaron el pie de fuerza militar en Cúcuta (por donde pasa el gran chorro) como si la invasión de venezolanos huyendo de Maduro y su régimen fuera un operativo militar y segundo, exigieron que ningún venezolano puede ingresar a Colombia sin pasaporte, lo que equivale a atajar en la frontera la oleada inhumanamente.
Por alguna razón, la Casa de Nariño no ha querido asumir el papel de país receptor de refugiados. Como tal, entonces, no ha construido en todos estos meses en que el éxodo ha ido aumentando, los campamentos para albergar y alimentar en mínimas condiciones a la oleada que llega diariamente ni mucho menos levantar un hospital de contingencia.
Contrasta la actitud del presidente Santos y su combo de insensibles con el esfuerzo que hace en Cúcuta la Iglesia Católica, que da de comer a 4 mil venezolanos todos los días, y contrasta más aún con la del presidente Temer de Brasil, que llegó hasta la frontera con Venezuela y apenas vio la magnitud del éxodo ordenó construir tres gigantescos campamentos y un hospital de campaña “con nuestro dinero o con el de los organismos internacionales”, dijo sin temblarle la voz.
Lo de los venezolanos es terrible. Verlos tirados en los andenes, tapados con trapos, protegiéndose del clima o haciendo sus necesidades en un parque por la terquedad presidencial de no darles la mano es inaudito. Por eso prefieren atajarlos inhumanamente en la frontera pidiéndoles pasaporte.
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