Así sostiene la mujer quilichagüeña la paz del norte
Las mujeres de Quilichao asumen el mando de la reconstrucción, cuando las estructuras tradicionales se agrietan por el conflicto, son ellas quienes impiden el colapso definitivo del tejido social.
Por David Luna

Ayer, tres de diciembre, el parque principal de Santander de Quilichao funcionó como un termómetro social del norte del Cauca. La convocatoria era urgente, una Teletón para asistir a las familias del corregimiento de Mondomo, golpeadas recientemente por la violencia. Sin embargo, más allá de la recolección de fondos, el evento arrojó un dato demográfico que explica cómo se sostiene este municipio ante la crisis, pues en su gran mayoría, el ochenta por ciento de los asistentes eran mujeres.
No fue una coincidencia estadística. Bajo la sombra de los samanes y con la humedad propia del río Quilichao marcando la temperatura de la tarde, se hizo evidente quiénes llevan la carga logística y moral de la recuperación de nuestro pueblo. Mientras los discursos oficiales sonaban en los parlantes, en el terreno eran ellas, mujeres afro, indígenas y mestizas, quienes sostenían las alcancías y organizaban a la multitud.

Me sentía orgulloso al observar a estas mujeres moviéndose como hormigas, lo que me permitió concluir y rastrear el verdadero funcionamiento del aparato productivo local. Las manos que ayer recibían billetes y monedas son las mismas que sostienen la economía agrícola de la región, no es retórica; es la descripción de una fuerza laboral, la más importante de nuestro pueblo.
En Santander de Quilichao, la mujer es el eje de la cadena de suministro. Son ellas quienes dominan la cosecha de la piña Oro Miel, soportando las exigencias físicas del cultivo. Son ellas quienes mantienen operativas las «rallanderías», ejecutando el proceso industrial de extracción del almidón de yuca, materia prima insustituible en la gastronomía nacional. En las zonas de ladera, la recolección selectiva del café y el cacao, así como la transformación del plátano, dependen casi exclusivamente de su disciplina y motricidad fina. Ayer, esa capacidad de trabajo se trasladó del surco al asfalto del parque Francisco de Paula Santander.

Entre la multitud también se distinguía otro perfil característico del municipio: la atleta. Santander de Quilichao ha consolidado una reputación internacional como cantera de deportistas de alto rendimiento. La genética y el entrenamiento en las condiciones geográficas del valle del río Quinamayó, Quilichao, Ovejas, Cauca, entre otros, han producido corredoras que ven en el atletismo una vía de profesionalización. La disciplina que aplican en la pista Norfalia Carabalí o en las calles de Quilichao, es la misma que ayer aplicaban en la logística de la solidaridad.
Paralelamente, la jornada evidenció el cambio en las estructuras de poder local. La mujer quilichagüeña ya no ejerce un liderazgo silencioso. Abogadas, ingenieras, médicas, amas de casa y lideresas sociales tomaron la vocería. Se trata de un sector profesional que ha retornado al territorio con formación académica para intervenir en lo público. Su presencia en la Teletón no fue decorativa; fue directiva. Gestionaron, hablaron y decidieron.

Más allá de la urgencia de Mondomo, la jornada sirvió para exponer una verdad permanente que define al norte y al Cauca en general. La mujer de Santander de Quilichao es una fuerza que no admite simplificaciones, su belleza física es un hecho objetivo y exuberante, una estética democrática que no distingue estaturas ni pigmentos; reside con la misma intensidad en la piel de ébano que en la mestiza, en la altura imponente de la atleta y en la firmeza compacta de la matrona. Sin embargo, esa presencia física se subordina a un intelecto pragmático enfocado en una sola misión, blindar el futuro de nosotros.
Existe un consenso tácito entre los habitantes de la Tierra del Oro, de las Aves, de los Samanes y de las Mujeres Bellas, cuando las estructuras tradicionales se agrietan por el conflicto, son ellas quienes impiden el colapso definitivo del tejido social. No es un rol decorativo, es estructural; su resiliencia no es un acto poético, es una cruda y eficiente estrategia de supervivencia que mantiene funcional al municipio ante la adversidad. Ellas no salieron ayer al parque a buscar inspiración, salieron a resolver problemas, como lo hacen cada mañana al despuntar el sol. Mientras esa fuerza vital persista, Santander de Quilichao seguirá en pie. Que Dios las proteja siempre.

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