APOTEOSIS DE POPAYÁN
Rodrigo Valencia Q
Hablar del cuadro del maestro Efraím Martínez puede resultar redundante para un público que, de sobra, lo conoce y reverencia en el recinto del Paraninfo de la Universidad del Cauca, donde, desde su génesis, ocupa el frente principal a manera de un mural sobre lienzo.
Puede uno mirar cómo, obedeciendo a razones de linaje renacentista-clásico, predomina allí el uso central de la perspectiva como escenario cúbico-visual, donde se sitúa la historia de la ciudad: todos los recursos del poder del centro iluminan con convicción académica la solución compositiva, mientras los personajes representados pueden ser reconocidos uno a uno bajo el rigor evocador de la paleta.
Tres secciones dominan horizontalmente la idea compositiva, delimitadas por la cumbre de la cordillera en la parte superior, y por la línea que coordina el ordenamiento de los personajes en la parte media. La solución de horizontalidad domina en toda la obra a través de estas secciones, que se cortan en regla de oro con la verticalidad de la Torre del Reloj. Allí domina la plaza central con la vista lateral de la catedral y casonas aledañas; nadie podría dudar que se ha construido un emplazamiento colonial para el mito de la historia.
La individualidad de los personajes, tratados con una indudable maestría técnica heredada de maestros españoles, otorga peso aglutinante a todo el evento pictórico, con precisión, orden, medida y disposición; los grupos de damas, indios, esclavos, clérigos, el conquistador español y los ilustres de la ciudad, muestran toda gala de detalles. Se puntualiza un equilibrio de la lógica histórica, en donde cada cual ocupa el lugar que le corresponde; es intención y lealtad al principio del orden armónico; la normatividad académica persiste en este cuadro, creado para una ciudad donde se cree y trata de conservar la tradición a toda costa, y donde la historia se ha reverenciado con álgida persistencia.
La contraposición entre la atmósfera tempestuosa de los cielos de la izquierda y la apacible luminosidad y brillo de los cielos de la parte derecha, constatan la capacidad de síntesis imaginativa del artista, quien así ha equilibrado magistralmente órdenes y razones opuestas en un espacio de interacción común. La luz centelleante que lleva en sus manos la figura de la Tempestad irrumpe con protagonismo simbólico, en directa diagonal con el grito libertario del gorro frigio levantado verticalmente hacia el tercio derecho, atenuando la procesión horizontal de los personajes.





