Apología de Santos


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Nada más apetecido que el poder. Dice el filósofo Hobbes que no se obedece a un hombre por respeto o por admiración sino por temor a los demás. Y es que el temor de ser devorado por los otros, marca el origen de la sociedad política.
El poder tiene momentos de satisfacciones y no pocos de amargura, tal como lo reconocía hace unos días Sergio Fajardo en entrevista televisiva. La verdad es que gobernar no es tarea fácil. Algunos lo consideran un arte. Tener a todo el mundo contento es supremamente difícil. En la política es donde más resaltan las ingratitudes, pues esa es la condición humana. En esta tarea es frecuente el ‘malo porque bogas y malo porque no bogas’. De ahí que quienes se atrevan a gobernar deben ser conscientes de los sinsabores que nunca faltan en el ejercicio del poder. Es cuestión de supervivencia. Los amigos de hoy son los enemigos de mañana y viceversa; así lo concibe Maquiavelo y él sabe muy bien por qué lo afirma.
A raíz del paro agrario hemos notado al presidente Santos visiblemente preocupado, un poco afligido y no es para menos. Tantos problemas concentrados. Pensamos que en ocasiones debe sentirse solitario. Pero esos son los gajes del poder. No ha sido el único, ni es el único ni será el único.
Que los gobernantes de turno deban resolver problemas engendrados históricamente es cierto; el problema es que muchos de ellos no se resuelven de la noche a la mañana y se quiera o no, hay que tener paciencia. También es cierto que los gobernantes en ejercicio no deben escudarse en sus antecesores para descartar responsabilidades, porque de antemano quienes gobiernan, deben saber en qué condiciones se recibe un país, el timonel debe conocer previamente su barco.
Lo que no compartimos es que a Santos se le convierta en chivo expiatorio de todo lo ‘malo’ que sucede en el país. Que los paros es absoluta responsabilidad del Presidente, dicen sus críticos, pero lo cierto es que no sólo a Santos le han hecho paros. El paro agrario tiene raíces históricas y la verdad es que hasta el momento no ha sido posible una verdadera reforma agraria, capaz de hacer atractivo el campo y hacer justicia con el sector campesino que tiene unas demandas legítimas. En cuanto al manejo del paro lo previmos: los mismos que exigían al gobierno mano dura para evitar o controlar los bloqueos de carreteras y demás actos violentos, hoy le censuran dizque por excesos de la Fuerza Pública y por violaciones a los derechos humanos. Cuando Santos recibió el fallo de la Haya desfavorable para Colombia le echaron la culpa a pesar de que la verdadera cuota de responsabilidad es de los dos gobiernos que le antecedieron. Que Santos es malo porque busca la paz a pesar que todos los colombianos estamos hasta el cogote con una violencia de medio siglo. Que Santos es populista y reeleccionista porque da vivienda gratis a los pobres, pero nadie se había atrevido a dar soluciones de vivienda gratis para cien mil familias pobres y destechadas. Que Santos es malo porque recompuso las relaciones con los países vecinos, algo que era inaplazable y necesario. Que Santos es malo por neoliberal y por los tratados del libre comercio, pero se olvida que esto viene desde Barco Vargas. Que Santos es malo por la gratuidad educativa desde los grados cero a once, cuando la verdad es que se ha aumentado la cobertura, no obstante las limitaciones de la calidad. Que Santos es malo por la fallida reforma de la justicia, a pesar de ser él quien denunció los micos. En fin, el chivo expiatorio de todo lo que sucede en este país es Santos.
Difícil gobernar un país como el nuestro pero indudablemente debe tener su encanto porque la reelección es una tentación inevitable y el Presidente no sabemos si tenga o no con qué pero está en su derecho. La política suele ser coyuntural y cualquier acontecimiento, cualquier circunstancia, prevista o no se encargará de demarcar los caminos.
Coletilla: Dizque al ex presidente Uribe le fue mal en su reciente visita a Popayán. ¿Por qué será?



