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Luis Arévalo Cerón se refiere en su articulo «Añoranzas» al ameno libro que ha escrito Rafael Tobar Gómez «Cuando florezcan los eucaliptos» y que está siendo leído con mucho interés.
Cordialmente
El libro es un acopio de remembranzas que invitan a ubicarse en la ciudad de mitad del siglo pasado; retroceder al Cauca agreste de los años sesentas que Rafael recorrió desde la región andina hasta la costa pacífica debido a su trabajo en la Registraduría Nacional del Estado Civil dirigiendo las campañas de cedulación; se inspiró en los álbumes de fotografías de sus primeros 25 años en Colombia, el resto de su vida ha transcurrido en Miami (E.U.) hasta hoy; sus hijos testigos de tantas fotos le insinuaron que escribiera sus memorias.
127 títulos encabezan igual número de temas que Rafael Tobar (foto) describe con versatilidad; comienza con el barrio Valencia donde transcurrieron su infancia y adolescencia; no podía faltar la boda de sus padres Saúl Tobar y Ruth Elisa Gómez, de cuya unión nacieron Rafael Heraclio, Luis Afranio, Rafael, Saúl Marino, Ismael, Francisco Javier y Oscar; el autor del libro nació en febrero de 1940; a los 15 años de edad sacó a relucir sus aptitudes musicales y se convirtió en bohemio y serenatero; se incluyó en el grupo de los despreciados porque habían decidido caminar por otro rumbo diferente al de la universidad; perteneció a la época en que todo el mundo le hacía la venia al “señor doctor” fenómeno que según él, es el producto de tantos profesionales mediocres que se doctoraron solo por conveniencia.
Rafael en su libro revela su enorme autoestima; expresa que de 1955 a 1965 fueron los años más prolíficos de su juventud; desarrolló el dibujo, la fotografía, pintó los primeros cuadros al óleo, investigó sobre los colores y sobre los materiales de pintura, descubrió una preparación para hacer los lienzos más duraderos, desarrolló la técnica de la acuarela, en fin, en él se configuró el perfecto diseñador, profesión que hoy ejerce en Miami; aprendió cerámica y la decoración de figuras de porcelana que puso en práctica en la añorada fábrica ‘Alcora’ que funcionó en el barrio Las Américas generando empleo en aquella lejana época del histórico Popayán.
El contenido del libro ‘Cuando florezcan los eucaliptos’ es una invitación a oxigenar la memoria; sus capítulos son historia imperecedera de una región de gente espontánea, intelectual y reflexiva; sin conocer personalmente a Rafael, tengo la impresión de haberlo hecho a través de su libro; igual, si es como su hermano Oscar, todo un señor, bienvenido al grupo de mis afectos; ojalá se cumpla su añoranza de sentarse en una banca del parque de Caldas a evocar los maravillosos años de su primera juventud.