AMPARO

AMPARO


Dalí, no es tu Gala Galarina; es Amparo, a quien conozco desde hace cuatrocientos años, cuando la ciudad era sólo un mural imaginario atrayendo al tiempo y las araucarias del camino.
Ella canta con la noche y la luna que no se acuesta nunca, mientras el astro espía y el día flota como palabras en busca de sentido.
Hubo ciudades que recorrimos mientras los ríos miraban manos cogidas y el amanecer criaba palomas en los ventanales.
Ella imanta una esfera domeñando la mirada, mientras aparece un mantra con olor de azucena para ahuyentar sortilegios dudosos.
Es la musa; me da a conocer el dios que gobierna el día, un libro de amores, la rosa que cuenta el tiempo, y dos niñas que creen en las hadas.
Es Amparo, que conocí hace cuatrocientos años, y dio dos retoños en el corazón, mientras la historia continúa.
Sancta María, ven a nosotros; hay una flor en la mesa de sueños; danos la clave de sol para bien de nuestro castillo de siglos.



