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miércoles 24 mayo, 2017 a las 10:09 pm

EL AMOR EN JUAN RULFO

rulfo 1
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
https://www.casadellibro.com/libro-cartas-a-clara-2-ed/9786077515951/2198231

Ayer empezó la noche con poesía escrita por la pluma de Juan Rulfo. Cómo suenan sus palabras al cumplirse los 100 años. El tiempo no borra los signos que uno rasguea – como en una guitarra – sobre el papel. Nos sirvió de guía la curiosidad literaria del poeta José Zuleta. Tenía en sus manos dos libros de sus cartas y una cámara para mostrar la fotografía que también sabía el máximo exponente de las letras de México.

Se trataba de oír de labios de un acucioso lector apartes de las cartas de un juglar a su amada desde su silencio. Cualquiera hubiera pensado que el avezado Zuleta nos leería cartas enteras. Y no. No era su intención. Se trataba de destacar no el estilo epistolar, no la textura de unas epístolas dirigidas a su novia y esposa Clara.

Pepe Zuleta iba desgranando pasajes, imágenes, requiebros, pequeñeces salidas de su gran amor por ella, que se hallaba al otro lado de su geografía. No eran cartas de extensión monumental. No. La escritura del hijo de Sayula era corta, en proporción a sus cuentos a los que también se refirió el expositor en la Biblioteca del Centenario anoche.

Aspecto parcial de la concurrencia en la Biblioteca del Centenario

¿Qué esperaba uno oír y apreciar de Rulfo en una carta dirigida a su amada? Versos a modo de epitalamios o cantares amorosos, romances o madrigales? Yo iba, ingenuo, a ver cómo Rulfo salpicaba su amor como cuando llueve y uno pisa un charco con pata de sapo. Pero no. Me llevé la grata sorpresa de verificar que Rulfo era de talla única. Como redacta cualquier ser humano. Renglón por renglón, seguido de punto. Y punto.

La manera de expresar su apego, su entraña enamorada, era tan transparente como el lenguaje que utiliza en sus cuentos. Nada de artificios suculentos y despampanantes o escabrosos. Son períodos son sencillos, como diría el cubano Martí, casi rústicos. Como hablaba la gente de Sayula. Contaba dónde estaba, qué estaba haciendo, cómo se la imaginaba estaría y como si estuviera presente entretejiendo sus cabellos con sus manos o sobándole la espalda. Como si continuara jugando con ella en la cama.

Rulfo es fiel a Rulfo. No es de artilugios prefabricados o con cambios de look para la ocasión. No sale de la costumbre de oficiar la sencillez con la palabra. Su lenguaje es fresco, como acabado de levantar, afanado por comentar a su amada los detalles del momento que vivía algo lejano de ella. Podría estar, incluso, al otro lado de la pared. Le hacía, de pronto una charada para hacerla sonreír a la distancia. Como si estuviera susurrando la carta al pie de su oído.

No. Rulfo no había hecho curso epistolar en una escuela de Letras. Tal vez sí nos dejó unos modelos de escribir cartas sin quererlo. Sin aspiraciones de ser publicado. Las escribió para darse gusto y pasar un rato pensando en su Clara, para matar el tiempo y hacerlo pasar más pronto. Así obran los enamorados. Y él era uno, un mortal más y común y corriente. Así, sencillamente, nos lo mostró Pepe Zuleta.

24-05-17                                              8:55 a.m.

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