ALGUNOS FUNCIONARIOS DIPLOMÁTICOS, UN DOLOR DE CABEZA PARA EL GOBIERNO SANTOS.
Por José López Hurtado
Como lo he sostenido en mis recientes editoriales publicados en Colombia y el exterior, al igual que en las redes virtuales, el gobierno del Presidente Santos, que ha enfilado sus baterías contra la corrupción y ha venido destapando «ollas podridas», no puede seguir cohonestando con ciertas situaciones que afectan su prestigio internacional.
El vergonzoso espectáculo del señor Visbal, exembajador de Colombia en Perú hasta hace pocos días y capturado apenas se bajó del avión en el Aeropuerto El Dorado, en cumplimiento de una orden de captura proferida por la Fiscalía General de la Nación, a fin de que responda por sus presuntos vínculos con grupos paramilitares, afecta gravemente la imagen del país, y siendo que la medida estaba anunciada, no había porqué esperar ese pronunciamiento.
El gobierno debió de haberle pedido la renuncia antes. Otro problema heredado de la administración Uribe en el campo de sus funcionarios diplomáticos, está igualmente «cantado»: el del piadoso embajador Velásquez en la Santa Sede, a quien también se le adelanta una investigación por el caso «Job».
¿Será que la Cancillería, en cabeza de la diligente y experta Ministra de Relaciones Exteriores MARIA ANGELA HOLGUIN, va a someterse a ése escándalo y a protagonizar otro «oso» con resonancia fuera del país?
Dos Embajadores, el general (r) Mario Montoya quien oficiaba en República Dominicana y José Fernando Bautista, en Venezuela, con gallardía, resolvieron renunciar antes de que terminen las investigaciones en su contra y prefirieron no colocar al país en una posición vulnerable, mostrando un poco de respeto para con los colombianos.
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