Aleve emboscada y guerra de comunicaciones


Como siempre y en el momento menos indicado, las Farc vuelven a embarrarla con el aleve ataque al contingente de soldados que intentaban conciliar el sueño en el polideportivo de La Esperanza, Buenos Aires, en medio de una tormenta de agua y rayos que se les convirtió en letal lluvia de granadas y plomo. Las justificaciones dadas por Arturo Alape, de que se defendieron de un ataque, se cayeron por su peso después de las declaraciones de testigos sobrevivientes y dictámenes de médicos legistas.
La acción de las Farc, no sólo hizo retroceder las negociaciones a términos acordados en noviembre de 2002, cuando empezaron conversaciones en La Habana, en medio del conflicto y abortaron el cese unilateral de acciones ofensivas emprendido por las Farc, desde el 20 de diciembre de 2014. También les dio argumentos a enemigos del proceso para exacerbar el rechazo a las negociaciones en Cuba, dándoles ánimos a los amigos de la guerra y ofreciéndole un inesperado salvavidas al presidente Uribe, pues la principal noticia del día, que era la condena por la Corte de sus ministros del Interior y Salud, Pretelt y Palacios, por ofrecer prebendas y cargos a los entonces representantes a la Cámara, Yidis y Teolindo, para asegurar su reelección presidencial, paso a segundo plano y antes por el contrario el ataque mansalvero de las Farc, le dio pie al jefe del Centro Democrático, para que tuiteando pasara a la contra-ofensiva con calumnias como la de que a los soldados emboscados les fue negado apoyo aéreo.
“Nadie sabe para quién trabaja” y en este caso las Farc, además de contribuir a multiplicar su desprestigio entre la opinión pública regional y nacional, le permitieron pasar a Uribe, del escarnio público al desnudarse los negocios oscuros previos a su reelección, al ataque como ‘héroe’ de la derecha guerrerista, la mayoría conformada por: el gran capital nacional y extranjero de banqueros, industriales y terratenientes que recibieron grandes beneficios durante sus dos gobiernos; la clase media que nunca envió a sus hijos a pagar servicio militar; la mayoría de militares en retiro y la ‘opinión pública’ que poco lee, no tiene elementos de análisis y critica y es fácilmente manipulable por demagogos patrioteros como Uribe y sus alfiles, que desde cuando controlaban el DAS, saben utilizar a su servicio, mucho mejor que el presidente Santos y sus funcionarios, los servicios de inteligencia del Estado y los medios de comunicación.




