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Sábado, 17 de octubre de 2026

ALBERGUE INFANTIL SANTA INÉS: 50 AÑOS DE INFINITO AMOR

Las Hermanas de los Pobres de San Pedro Claver llegan a Santander en el año 1963 y llegan porque la...

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Las Hermanas de los Pobres de San Pedro Claver llegan a Santander en el año 1963 y llegan porque la señorita María Inés Barney donó la finca “La Fontana” a la congregación para que la conviertan en un albergue para niños pobres y que sean atendidos en su salud, alimento, educación y albergue.

La hermana que recibe la donación se llamaba Hermana Cristina de San José, y con ella llegaron las Hermanas Fernanda y Melania de San José.

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Para sostener el Albergue, las Hermanas tuvieron que acudir a un grupo de benefactores y al pueblo en general, quienes con sus aportes generosos proveyeron lo necesario para el sostenimiento del Albergue, sin embargo, nunca fue suficiente ya que cada vez las necesidades se multiplicaban, de tal modo que hubo momentos en los que la comunidad quiso abandonar la tarea.

Gracias a la labor de la Hermana Melania de San José, quien se apersonó de las necesidades de las Hermanas y de las primeras 10 o 12 niñas del internado, esta propuesta pudo sostenerse en los años 60 y 70, y creo que los 80, porque ella se volvió anciana recorriendo las calles de Santander.

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En esa época, las niñas no tenían dormitorios, dormían en el suelo, no tenían comedor, ni servicios porque el agua difícilmente llegaba a esa casa, y poco a poco con las quejas y peticiones de la Hermana Melania, el pueblo quilichagueño fue dándose cuenta de las necesidades del albergue y se conformó un grupo de apoyo que con las Hermanas hacía actividades para recolectar fondos para el sostenimiento de las mismas y de las niñas.

La Hermana Melania, por años y años, recorrió la galería, los almacenes, los mercados, los negocios y acudía a personas particulares y todo el pueblo la conocía y la estimaba y le colaboraba con algo (ropas, alimentos, medicamentos, consultas médicas, utensilios para la casa), etc., que ella agradecía con su forma de ser tan amable, humilde y sencilla. El pueblo lamentó por mucho tiempo cuando la superiora decide trasladar a la Hermana Melania para otra casa.

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En esa época las Hermanas hacían comidas para vender y fueron famosas las empanadas que semanalmente se vendían por pedidos exclusivos, todo para poder tener fondos para sostenerse y sostener las niñas.

La Hermana Enriqueta de San José y la Hermana Melania, sin desfallecer, fueron capaces de sostener algo que parecía insostenible porque la incomodidad era muy grande, la responsabilidad y las necesidades sobrepasaban cualquier intención de continuar. Esas 12 o 15 niñas que vivían en la mayor incomodidad, estudiaban en la escuela Niño Pobre, hoy escuela Santa Inés, se alimentaban, dormían y permanecían en el albergue durante el año escolar y algunas se quedaban también en vacaciones.

Esas niñas venían de hogares con graves problemas de convivencia, o de abandono, o de orfandad o maltrato y no solo eran de Santander sino de los lugares circunvecinos. Este albergue siempre ha sido un lugar como su nombre lo dice… una casa de apoyo para muchas niñas pobres, huérfanas, abandonadas, maltratadas, y allí han sido protegidas, cuidadas, alimentadas, sustentadas, educadas y formadas dentro de una disciplina religiosa, amorosa y sincera.

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Con el paso de los años y por propuestas nacidas de las necesidades… algunas instituciones y estamentos se unieron para ayudar a solucionar en parte algunas de las necesidades prioritarias, construyeron un salón para dormitorio, comedor que quedó muy lejos y ahora es el comedor de los niños de la escuela. Lo que vemos hasta ahora después de tantos años son las necesidades no satisfechas del Albergue Infantil Santa Inés, los dormitorios incómodos, pequeños por lo tanto nunca se pudo recibir un mayor número de niñas, a pesar de la demanda, no hay independencia en los comedores, los servicios higiénicos deficientes, no tienen tecnología, seguridad ante la parte externa del Albergue, en tiempos remotos, el doctor Villacis ofrecía gratis sus servicios a las Hermanas y a las niñas, posiblemente hubo otros galenos que colaboraron. Algunas droguerías con sus medicamentos, ya que no había servicio de salud como ahora.

Año tras año las niñas han sido atendidas por una de las Hermanas, y en el momento lo hace la Hermana Margarita Morillo, quien fue directora de la escuela y posteriormente directora del albergue y en el momento es quien comparte sus diario vivir con las niñas internas, y por estar aquí por más de 15 años, conoce bien la idiosincrasia de la comunidad quilichagueña, ella es una persona, serena, sencilla, amistosa, respetuosa y responsable aparte de otras cualidades que le adornan.

El Albergue Infantil Santa Inés, regentado por las Hermanas de los Pobres de San Pedro Claver, es un patrimonio del Municipio de Santander, es un lugar donde muchas niñas desamparadas han encontrado el apoyo y la oportunidad para convertirse en seres de bien, con una mentalidad diferente a la que traen cuando recién ingresan al internado. El Albergue necesita y merece el apoyo desinteresado y continuo de la comunidad de Quilichao para continuar la obra, sin menoscabar la salud y la tranquilidad de las Hermanitas que lo dirigen, quienes han pasado y aún pasan muchos trabajos para sostenerse y sostener el Albergue.

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Hoy en día en este trabajo de INFINITO AMOR y sin renunciar a la formación integral de tantas niñas que han pasado por la institución, está celebrando Bodas de Oro, los 50 años de entregarle a la sociedad personas integras, sensibles, honestas y buenas ciudadanas.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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