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lunes 15 junio, 2009 a las 5:34 pm

Al fin qué, ¿estamos al final o al principio?

Por Alfonso Luna Geller

“Para un joven de hoy, comprar un pedazo de un árbol muerto sobre el que se han estampado las noticias que sucedieron ayer y sobre el que no se puede hacer clic ni participar de ninguna manera es algo completamente carente de sentido. ¿No ibas a bajar a comprar el periódico? Baja, por favor… y guárdalo por si acaso. Puede que acabe teniendo un valor arqueológico interesante”. (La muerte del periódico. El Blog de Enrique Dans. Domingo, Mayo 3, 2009).

Stephen Colbert, al evaluar el futuro del periodismo desde la perspectiva de hoy, tomó posición en el debate con estas palabras: “Los periódicos son parte importante de nuestras vidas. No para leerlos, por supuesto, sino cuando usted esté en plan de mudanza y se dé cuenta de que no puede envolver los platos en un blog”. (Citado en Newspaper Death Watch. May 21, 2009).

A la par con la transformación social que se proyecta desde comienzos del siglo XXI, se ha venido pronosticando el fin de los periódicos impresos, debido al auge de las comunicaciones por Internet, la gran Red de Redes, donde se vienen desarrollando nuevas posibilidades para la libre expresión.

En términos generales, en el modelo industrial o impreso la información ha sido muy limitada, costosa, institucional y diseñada para el consumo. En la nueva era de la información, es abundante, barata, personal y diseñada para la participación.

Este proceso renovador a través de la ‘superautopista’ ha provocado en los últimos dos años una fuerte sacudida en las salas de redacción de los diarios, reflejada de inmediato en la pérdida de empleos por parte de más de 11 mil periodistas alrededor del mundo. Son muchos los diarios que transitan una etapa de prevención, estudiando cómo transforman su existencia de medios de papel y tinta para convertirse en medios de Internet, porque además, ése viejo modelo aun requiere enormes inversiones de capital y está dirigido a un número relativamente pequeño de personas. Ahora, la masificación de los computadores y la comunicación ha puesto la información en manos de un segmento mucho más significativo de la población mundial, que ha cambiado el papel pasivo del lector, para responder a los medios y entrar en un diálogo público.

Pero también es cierto que pese al florecimiento del universo aparentemente infinito de la Internet -hoy hay 150 millones de sitios y más de 70 millones de blogs, número que se incrementa en unos 10 mil cada hora-, los medios de noticias de mayor credibilidad siguen siendo los periódicos, aunque ya no monopolizan la noticia ni el mercado local. Por esto, yo no creo que el fin esté tan próximo y mejor, presumo que es tanto un fin como un principio para el periodismo.

Es cierto que es mucho más fácil, instantáneo y de mayor cubrimiento el nuevo periodismo en Internet y que ningún sitio de la red gasta algo parecido, ni remotamente, a lo que gastan los periódicos impresos en cubrimiento de noticias. El periodismo real, especialmente el investigativo, es caro, dispendioso, con responsabilidad social por su mayor exposición pública directa, y más peligroso, en nuestros tiempos.

El nuevo “periodismo” que se ejercita en muchos sitios de internet, ha sido más susceptible a la noticia tendenciosa, es generalmente irresponsable, sin identidad humana e inconsecuente con un entorno social específico, del cual todavía se duda de su transparencia y veracidad. Es más, una de las más deplorables tendencias en la sociedad de hoy que basa su interés informativo sólo en la red, es la disminución del interés por las noticias políticas y del compromiso en la vida cívica local.

Es por eso que no puede desconocerse que la mayoría de los periódicos impresos han sido los ojos de la comunidad sobre el Estado, el control sobre los abusos privados, un sistema de alarma cívica, funciones que no han podido ser sustituidas por los nuevos sistemas de información. Uno de los peligros de la globalización en el cubrimiento de las noticias es que la corrupción local o regional es más susceptible de florecer cuando los que están en el poder tienen menos temores de ser puestos en evidencia pública en su propio feudo. Se ha demostrado que mientras más baja sea la libre circulación de los periódicos impresos en una región, más alto es el índice de corrupción.

En consecuencia, los impresos tienen el nuevo reto de reinventarse y conciliar sus intereses con los instrumentos de comunicación para tiempos de incertidumbre y baja atención. No puede negarse tampoco que los Blogs y páginas Web son la moda de nuestro tiempo… los tiene todo el que quiera y en ellos se habla de sueños y realidades, una manera sencilla (y gratis, en el caso de los Blogs) de publicar en Internet todas las experiencias personales, comentarios e ideas, que bien publicitados, con noticias impactantes y participación de los lectores, pueden permitir la transformación de Internet. Pero nadie puede negar que hoy estamos accediendo a unos blogs incapaces, por definición, de asumir la tarea de investigar y producir noticias como primera fuente.

Repito, como en todo orden de cosas, las innovaciones y avances tecnológicos traen oportunidades y también amenazas. En nuestra comarca, por ejemplo, es todavía abismal la denominada brecha digital, esto es, el espacio sociopolítico que separa a los sectores acomodados de los más desfavorecidos en cuanto al acceso a las nuevas tecnologías de la información. Mientras una pequeña parte de la población está emigrando hacia el ciberespacio, integrándose a la sociedad de la información, la brecha social se agudiza por cuanto, para muchos, la preocupación principal sigue siendo la lucha por la supervivencia cotidiana, que es el mayor porcentaje.

Los periódicos, como muchos otros sectores industriales, necesitan su crisis, su cataclismo, y su reconstrucción con una forma diferente, es cierto; por eso, los medios impresos deben reinventarse, reiniciar, porque además, estamos frente a una juventud completamente indiferente a la propuesta de valor de la prensa convencional, que se ha convertido, sin lugar a dudas, en una más de esas industrias víctimas de la falta de adaptación al nuevo entorno definido por la red.

Finalmente, soy optimista de una larga supervivencia del periódico impreso porque en verdad no existe eso que se ha dado por llamar ‘periodismo ciudadano’, el del blog y muchos otros sitios de Internet, ya que el periodismo es una disciplina profesional que ejercen sólo quienes realizan día a día un producto comunicacional diseñado y sostenido técnica y financieramente por una empresa y que asume su responsabilidad en los procesos sociales, que reflexiona sobre su papel en el devenir social y que se preocupa por la búsqueda de soluciones, además, dicha profesionalización es un tema de mayor importancia y en auge en la educación universitaria.

Aquellas incursiones no profesionales en el periodismo muestran muchas voces distintas y pueden tener interés, pero no son aceptables al cien por ciento. Solo en ocasiones tienen verdadero valor como noticia, pero en nada son comparables a la profesionalidad de un medio solvente y riguroso. De lo que no cabe la menor duda es que se trata de un buen ejemplo de cómo puede un periódico volver a establecer conexiones con la comunidad a la que en teoría sirve.

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