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Sábado, 3 de octubre de 2026

AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR

AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR - PAVIMENTACIÓN DE VÍAS
Mauricio Arboleda Vivas
Por: Mauricio Arboleda Vivas

Es propio de los muy vivos tomar el crédito, completo, por lo que otros han hecho, aprovechando la ignorancia colectiva y los descuidos de los verdaderos autores de las obras.

Es necesario que el pueblo reflexione este fenómeno cuando se avecina el periodo electoral, de manera que ese populismo desmesurado no termine deslumbrando al elector, y finalmente deposite su confianza en los primeros mentirosos que asoman.

Las precampañas hoy instaladas, es decir las actividades informales que desde ya adelantan los candidatos a las corporaciones públicas, tienen a la orden del día tremendas historias que buscan acaparar la aprobación de la gente con realidades tergiversadas, hechos acomodados a su conveniencia sin importar por encima de quien pasan pisoteando duro. Se sabe que no todos los recursos que un municipio ejecuta provienen del presupuesto local, como también es cierto que al provenir de otras fuentes, pueden ser diferentes los gestores y no solamente las administraciones municipales. Y además, algunas obras ya realizadas ni siquiera son ejecutadas por la municipalidad. Con esto entendemos entonces que, aunque un alcalde corte la cinta y haga la fiesta, no necesariamente merece el crédito.

Esta observación no tiene ninguna intención de desvirtuar el trabajo de las administraciones vigentes, unas, por supuesto, más diligentes y menos corruptas que otras, pero es necesario llamar la atención de las comunidades hacia el asunto, de manera que los juicios que hacemos previos al ejercicio electoral sean lo más ecuánimes posible.

Me llamó la atención ver cómo el Ejército Nacional tuvo que poner una valla informativa encima de una “valla desinformativa”, ante la necesidad de hacer claridad por unas obras de pavimentación. Los amigos del crédito ajeno presumían de ser los gestores, y lo más grave es que sus “soldaditos de batalla”, esos que aguardan la repartición de la torta gubernamental, han salido a los campos a cultivar votos con triunfos robados. Los que en algún momento fueron cuestionados no repararon en decir, sin la menor vergüenza, que su alcalde había “contratado la pavimentación con el Ejército”. Esta anécdota, que recorre las calles y trochas de cierto municipio nortecaucano, es una muestra de la desfachatez de los gobernantes, de los candidatos, o de sus pajes, comensales y lamebotas más cercanos.

Desinformar no solo es grave sino ofensivo. El electorado necesita una visión más amplia de los discursos de sus actuales administraciones, sobre todo cuando las mismas movilizan afanosamente en este último año todos sus esfuerzos para “poner” un sucesor. Este propósito no es reprochable, de ninguna manera, como sí lo es recurrir al engaño para captar votantes.

Tal como en la escala nacional, en lo local queda entonces la sensación de que las “fuentes oficiales” no son de fiar, que amañan a su antojo la información, que manipulan la opinión y que tienen tan poca fe en el trabajo realizado, que deben recurrir a cualquier invención para ganarse el apoyo de su pueblo. “Obras son amores…”, dicen por ahí, pero un fraude difícilmente enamora.

AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR