AINARA


AINARA

Eran tonos de fiesta, aromas de risa; florilegios, mixturas fantásticas.
La gran Reina del Alba y su niña, una pluma en la frente llevaba…
La lámpara encantada, el sabor de los cuentos dorados; alumbraba un árbol el centro de la sala.
Del cuarto de lotos surgían aromas y luces; parpadeaban; eran libélulas que dormían en fragancias.
Y el canto del Hada volando llegaba; en carroza encantada arrimó al portal de palacio.
«Sólo podrá subir conmigo a la luna quien logre decir su nombre secreto, el que tenía antes de nacer en la cuna».
«Mi nombre está escrito entre las luminarias; la séptima estrella, donde nacen el faisán y la rosa, guarda mi nombre bajo una roca de oro», dijo la niña de la pluma en la frente.
«No sé nada de ello», aseguró su madre, la Reina del Alba, admirada.
«Ella es ella, yo soy otra, así nos unan sangre y afecto; no conozco nada de su cielo innominado.»
«Dímelo hija: ¿dices verdad?».
«Pregúntalo al Hada, pregúntalo al Hada», dijo la niña, sus grandes ojos brillaban.
«Yo soy Ainara, pero mi nombre secreto, anterior, es origen de la Inocencia. Si el Hada lo aprueba, subiré con ella a la luna».
El Hada portaba un cofrecito de oro; al abrirlo brilló como un destello de sol. De dentro salió un aroma sutil:
«Yo soy la que soy, de mí hablará la Inocencia; la Reina del Alba será mi madre en la tierra», cantó el cofrecito, hecho de roca de oro.
La gente admirada, se regocijaba.
El árbol del centro dio manzanas de oro.
Afuera, la luna reía, reía…



