AHORA “BOLILLO” DA BOLILLO A UNA MUJER
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Su palabra preferida en su vocabulario es joder y así lo imitan quienes ruedan la pelota junto a él. Es el máximo, después de su manager amigo, Maturana, y se acostumbró a hablar en singular cuando habla del equipo. “Ese partido lo tengo que ganar”. Sus jugadores, o mejor, los de Colombia quedan de más. Con esa actitud siempre lo hemos conocido. Altivo, frentero, para él no hay nadie que sepa de fútbol más que él.
“No importa que perdamos la Copa América, a mi lo que me importa es la clasificación para el Mundial”. Frases como esta no son de ánimo y de estímulo para el triunfo, pues no invitan a salir a la cancha con la consigna de dejar todo en la cancha y afinar los pases y los remates para que sean gol.
Se ha agrandado tanto su ego que en los micrófonos ya le temen las palabras obscenas y ya se parece a un ser sin tacto, sin recato para hablar en público y representar a Colombia ante su público y ante el extranjero. Todos pueden reír y condescender cuando están frente a él. Los locutores se sonríen y celebran que este paisa saque a relucir su machera y su carácter.
Hemos oído de locutores y técnicos que miden sus expresiones y su genio cuando dan declaraciones y van a la conferencia después de un juego. Marcarián, el buen técnico de Perú, se exasperó y salió de ropas, pero jamás dijo palabras injuriosas ni de mal color. Expresó su malestar con fuerza y dijo estar “podrido” porque le asignaban etiquetas por ser defensivo y no atacar como otras selecciones que tienen goleadores reconocidos. Pero no dijo una palabra vulgar, como enseña la etiqueta simple.
Ahora “Bolillo” hizo honor al alias que el vulgo certero le ha asignado. Bolillo es un garrote, es el arma mínima de un policía, de un truhán de película, como Al Pacino. No es un remoquete como el de “burrito”, el “tren”, el “guájaro”, o el “pitufo” Ávila. Bolillo indica gresca, discusión a puños, sometimiento del otro por la fuerza. Puede ser un nombre que salió inocente de un grupo de amigos en la calle. Pero no puede usarse para que signifique hablar con golpes de boca o de manotazos en la cara o en el cuerpo a una mujer.
Hernán Darío Gómez es el nombre de un señor y eso sería lo mejor para que todos le llamáramos. Que no le remacháramos en un apodo a diario un estilo, un modo agresivo de ser. Que fuera buen amigo, receptivo, medido en sus palabras y saber con quien habla y en qué lugares y condiciones. Estar siempre sobrio y no pasarse de euforia en una velada es lo que nos recomiendan a todos en nuestro hogar a los colombianos. Especialmente en estos días que estamos de anfitriones de un Mundial y que él luce orondo como veedor Fifa en el Sub20.
Insultar un hombre a una mujer y, más golpearla, es un acto que no es signo de valentía ni de ser afable. Razón tienen las mujeres, parlamentarias o de amas de casa que se quejen y exijan buen comportamiento a una persona que ha sido designada para representar el “fair play” en la cancha y fuera de ella, sus jugadores y él. Bien puede ser que la opinión que es un árbitro neutral le saque tarjeta roja y le exija que se retire haciendo honor a tal falta de decoro y de respeto por una mujer.
08-08-11 – 18:47 p.m.
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