Ah, el mundo


Ah, el mundo

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
El mundo es muy grande desde el ángulo que se le mire. Un mundo de cosas, un mundo de basura, un mundo de verdades, un mundo de mentiras. Y el «orbe entero que llamamos mundo». Se diluye un poco cuando se aplica a un conjunto de objetos que nos abruman. Como un mundo de obligaciones o un mundo de cosas por hacer.
El mundo da muchas vueltas, decimos cuando algo se nos pone complicado. Y ¿cuánto tiempo se demora el globo para moverse y ponerse «patas arriba» El mundo y cuanto en él se contienen. Nadie lo puede identificar porque cada segundo el mundo cambia de puesto en el segundero… y porque algo en él se mueve.
Si ya era el mundo un monstruo cuando vivían Adán y Eva: si volvieran, ya no lo reconocerían. Eso sí. Las manzanas todavía significarían lo mismo que en ese lejano día. Probablemente Eva no habría envejecido con la crema de manzana y Adán estaría sin un pelo en la cabeza.
El mundo ha estado dando vueltas como una arepa gigante que necesita cambiar de cara, para no quemarse con el sol por un solo hemisferio.
Se moverá sin que nadie se dé cuenta. No se derramarán los vasos con agua de noche cuando cada hemisferio se cambie de ropa y recupere su equilibrio. No tiene ojos, ni manos pero sí alimenta su barriga y cada día se baña con agua salada y se ventila las axilas como una dama.
Tuvo que acostumbrarse al sol y al agua, al calor y al fuego de los volcanes y al hielo en los polos. Pero tuvo que darle horario a las estaciones para refrescar cada cuatro meses sus flancos. No pudo hacer más con cada codo en los polos que llenarlos de nieve para no quemarse por dentro con la fuerza de dar la vuelta en la carrera sobre si mismo cada 24 horas.
Sí, cuando hablo del «mundo» solo hablo del este miniglobo que es la Tierra. No hablo del conjunto de estrellas, sol, luna… situadas a miríadas y que solo las ven los astrónomos en sus laboratorios con sus lentes supersofisticados. Desde nuestro pequeño mirador adivinamos otros planetas que nos acompañan de lejos. Solo soñadores y estudiosos o «científicos» y cineastas han imaginado y trasladado al celuloide «otros mundos».
A veces nos sumimos en la idea que el nuestro es muy, muy grande. Pero apenas es una piedra del gran pedregal que es el Universo. Fui miope en bachillerato y hasta que llegué ayer a escribir sobre «el mundo». Lo confieso. Nunca nadie, me insinuó pensar así de este minúsculo punto en el Universo al que llamamos con la pomposa magnitud de «mundo».
Pobre mundo al que magnifiqué, pero gracias a él vivo, me muevo, he gozado, llorado, comido almojábanas y garullas de Soacha, he cantado como tenor el Mesías de Händel y he podido ir a Praga, Roma y Buenos Aires.
27-03-19 – 9:22 a.m.
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