Advertencia de Ávila sobre posesión presidencial

Ariel Ávila advierte que la posesión presidencial en una guarnición militar rompe símbolos esenciales de la democracia civil
El senador rechazó que Abelardo de la Espriella pretenda posesionarse ante la Fuerza Pública y no ante el Congreso, al considerar que el acto presidencial debe reafirmar la soberanía popular y la subordinación del poder militar al poder civil
La propuesta de realizar la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella en una guarnición militar abrió un nuevo debate político en el Congreso de la República. Para algunos sectores, el cambio de escenario puede parecer una decisión protocolaria o un gesto simbólico de respaldo a la Fuerza Pública. Para el senador Ariel Ávila Martínez, en cambio, el asunto toca una fibra mucho más profunda: la naturaleza civilista de la democracia colombiana.
En una intervención ante la plenaria del Senado, Ávila sostuvo que la posesión presidencial no puede entenderse como un simple trámite ceremonial. A su juicio, se trata de un acto político y constitucional que expresa dos principios fundamentales: que el pueblo es soberano y que el poder civil está por encima del poder militar.
“Yo nunca pensé que me tocara hacer una intervención de estas en el Congreso de la República”, dijo el senador al iniciar su exposición. Su tono no fue el de una disputa menor. Fue el de quien considera necesario recordar, en la propia Casa de la Democracia, una lección básica de formación republicana: Colombia es una democracia civilista.
La posesión no es un protocolo

El primer argumento de Ávila se concentró en el sentido constitucional de la posesión presidencial. El presidente, recordó, no se posesiona ante una institución armada ni ante un sector del Estado, sino ante la soberanía popular. En una democracia representativa, esa soberanía está encarnada en el Congreso de la República.
Por eso, para el senador, trasladar el acto de posesión a una guarnición militar altera el mensaje institucional que debe enviar una transición democrática. No se trata de desconocer el papel de las Fuerzas Militares ni de la Policía. Tampoco de negar el sacrificio de quienes han servido al país desde la Fuerza Pública. El punto, según Ávila, es otro: en una democracia, las armas obedecen al poder civil, no lo reemplazan ni lo anteceden simbólicamente.
La posesión presidencial, en esa lectura, no es una escenografía neutra. Es una señal. Y las señales del poder importan porque comunican jerarquías, prioridades y visiones de Estado.
América Latina y la memoria de los golpes militares

El segundo eje de su intervención fue histórico. Ávila recordó que América Latina conoce demasiado bien los riesgos de confundir liderazgo político con poder militar. Citó los casos de Jorge Rafael Videla en Argentina, Augusto Pinochet en Chile y Gustavo Rojas Pinilla en Colombia, como referencias de una historia regional marcada por golpes, dictaduras y rupturas del orden democrático.
Su advertencia fue clara: precisamente por esa memoria dolorosa, las democracias latinoamericanas han insistido en la subordinación de las Fuerzas Militares al poder civil.
En ese punto, Ávila buscó dejar claro que su postura no depende del color político del gobierno entrante. Recordó que también cuestionó en su momento decisiones del gobierno de Gustavo Petro relacionadas con el Ministerio de Defensa. “Por eso estuve muy en contra del nombramiento del señor Sánchez como ministro de Defensa del gobierno de Petro, siendo yo coalición de gobierno”, afirmó, al subrayar que su posición responde a una convicción institucional y no a una conveniencia partidista.
Para el senador, el problema no está en quién gobierna, sino en qué símbolos decide usar para ejercer el poder.
“Los símbolos importan”
La frase que atraviesa toda la intervención de Ávila es sencilla, pero poderosa: los símbolos importan.
A su juicio, quienes reducen la posesión en una base militar a un gesto sin consecuencias desconocen una verdad elemental de la política: las democracias no se deterioran únicamente con grandes rupturas, sino también con pequeños actos que van normalizando nuevas formas de poder.
El senador hizo referencia al libro Cómo mueren las democracias – escrito por los politólogos de la Universidad de Harvard Steven Levitsky y Daniel Ziblatt -, para advertir que los regímenes democráticos pueden erosionarse desde adentro, poco a poco, mediante gestos, decisiones y cambios aparentemente menores que terminan debilitando los contrapesos institucionales.
Bajo esa lógica, la posesión presidencial en una guarnición militar no sería solo una fotografía distinta. Sería un mensaje de poder. Un mensaje en el que el nuevo jefe de Estado decide no iniciar su mandato ante el Congreso, sino ante la Fuerza Pública.
Un llamado a la dignidad del Congreso

El tercer argumento de Ávila fue dirigido a sus propios compañeros de corporación. El senador cuestionó la actitud de algunos congresistas frente al anuncio del presidente electo y les pidió defender la dignidad institucional del Congreso.
Según su intervención, algunos parlamentarios no han sido incluidos en procesos de transición o empalmes regionales bajo el argumento de que el presidente no los necesita. Ahora, agregó, se plantea que el nuevo mandatario tampoco se posesione ante ellos, sino ante las Fuerzas Militares.
“A mí me sorprende la poca dignidad de algunos compañeros y compañeras mías en este recinto”, dijo Ávila. Su mensaje fue directo: los congresistas fueron elegidos por la ciudadanía y tienen el deber de defender el proceso democrático y la institución que representan.
En su criterio, aceptar sin resistencia que la posesión presidencial se aparte del Congreso equivale a renunciar al lugar que la Constitución le reconoce al Legislativo como escenario de representación popular.
Anuncio de desobediencia civil
La intervención cerró con un anuncio político de alto impacto. Ávila afirmó que, junto con otros congresistas, no se prestará para acompañar un acto que considera antidemocrático. Invocó la figura de la desobediencia civil y citó una sentencia de la Corte Constitucional para sostener que los ciudadanos tienen la posibilidad de ejercer resistencia frente a decisiones que consideren contrarias al espíritu democrático.
“Vamos a hacer desobediencia civil”, anunció. Para Ávila, el Congreso no debe actuar como espectador de una decisión que, en su lectura, rebaja la autoridad simbólica del poder civil frente al poder militar.
El fondo del debate
La discusión sobre el lugar de la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella es un debate sobre el tipo de democracia que Colombia quiere reafirmar en el cambio de gobierno.
Para Ávila, debe hacerlo ante el Congreso, porque allí está representado el pueblo. Debe hacerlo ante la institucionalidad civil, porque esa es la esencia de una democracia. Debe hacerlo en la Casa de la Democracia, porque los símbolos fundan sentido, memoria y límites.
En tiempos de polarización, los actos de poder comunican tanto como los discursos. Una posesión presidencial no solo inaugura un gobierno; también revela la idea de Estado con la que ese gobierno quiere empezar.
Por eso el debate apenas comienza. Y por eso la advertencia de Ariel Ávila no se dirige únicamente al presidente electo. También interpela al Congreso, a los partidos, a la ciudadanía y a las instituciones que deberán decidir si la posesión presidencial será un acto de reafirmación democrática o una ceremonia marcada por el predominio simbólico de las armas.



