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Viernes, 9 de octubre de 2026

ACUERDOS DE SUSTITUCION Y ECONOMIA CAMPESINA

Nelson Paz
Por NELSON EDUARDO PAZ ANAYA

El primer acuerdo formal de sustitución de cultivos de coca en el Municipio de El Tambo, se constituye en centro de observación por su relación directa con la armonía social de la región.

Si el desarrollo de este convenio genera posibilidades de vida digna a estas comunidades, se podrá replicar en otras zonas cocaleras, por la formación de confianza, de allí el temor de que si se actúa con criterio asistencialista y no basados en la generación de ingresos reales, se profundice la crisis por la dinámica monetaria creada en la región y por la amenaza de erradicación forzada.

El Cauca, como departamento con 65% de la población rural, soporta la crisis de mantener una economía basada en sus productos agropecuarios, con descenso en su participación porcentual sobre el Producto Interno Bruto según el informe de la Cámara de Comercio local, “es el segundo menos dinámico en su evolución en los últimos quince años”, situación ocasionada por el desestimulo ante la imposibilidad de equilibrar siquiera los costos de producción, con los precios de venta y sin ninguna incidencia de los recursos de las Regalías.

Hacer sustitución de los cultivos de coca, al menos en el Cauca, exige revisar el manejo del suministro de los fertilizantes, por cuanto llegan con costos 35 y 50 %, más caros que en países vecinos, sin adicionar el valor del transporte a los sitios de cultivo, en muchos casos todavía a lomo de mula, con suelos exigentes de urea, fosfatos y cloruros.

Esta situación afecta de tal manera, que aun, teniendo en cuenta el salario mínimo en el campo no se contabiliza por persona, sino por familia, sin tiempos en las jornadas laborales, sin sumar el precio de la tierra, ni el agua, ni seguros por riesgos y salud, no es posible apalancar la población rural, por cuanto está trabajando a pérdida, distinto que sobreviva porque solo consume lo que le ingresa y otra que tenga utilidades.

Los productos agropecuarios salen del minifundio sin valor adicional, es a partir de ese momento cuando se inicia la suma de las utilidades hasta llegar a las billonarias ganancias de los mercados internacionales, allá se encuentran en el mundo financiero con las de los productores y comercializadores de insumos y con las de los importadores de alimentos.

El campesino cultivó coca porque era lo único rentable en esos territorios a los cuales nunca llegó el Estado, no hay condiciones para otros cultivos, este porque tiene mercado en las altas elites nacionales e internacionales.

Sin ir muy lejos, en la meseta de Popayán se supone la plantación del café es la más rentable, ideal para sustituir, pero los costos tienen a sus productores trabajando a cero utilidades, para no mencionar otros cultivos temporales de alto riesgo, de demanda elástica, sometidos a mercados controlados ilegalmente.

Así observada la situación de la economía campesina, es claro que la sustitución con cultivos sin rentabilidad, con ovejitas, conejitos, gallinitas, vaquitas, y otros adornos, es imposible y no podrá cumplir con las intenciones plasmadas en los Acuerdos de La Habana; además, porque los costos burocráticos a nivel nacional de la Federación de Cafeteros, consume los recursos para mejorar la economía cafetera.

Desde luego, son entendibles los considerandos de los acuerdos escritos, basados en los objetivos de reducir el delito asociado al narcotráfico, reducir las vulnerabilidades de las zonas afectadas, atender el consumo de las drogas psicoactivas desde el enfoque de la salud pública, los derechos humanos, y el desarrollo humano, en el marco del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, pero debe ser concreta su implementación.

El Gobierno conoce del ingreso al país de más de 1.4 millones de toneladas de fertilizantes, con un valor de más de $1.5 billones de pesos, más de mil millones de millones, según el diario El Espectador, pocas empresas, con utilidades superiores a $9.000 millones de pesos.

Desde luego es necesario considerar que en cultivos de café hay 600.000 hectáreas y en coca aproximadamente 225.000, a las cuales también fueron estos precursores e igual dieron utilidades, allí miran para el otro lado los países productores.

Los excombatientes de las FARC, desde luego, conocen las circunstancias de estos campesinos, por lo tanto, les competen mayores responsabilidades en sus compromisos de sustitución; para no repetir fallidos experimentos, con los cuales unos burócratas cumplen el plan de acción y otros participan de los presupuestos haciendo estudios y ensayos que a nadie benefician.

Obliga un actuar ético por el Cauca, sin mezclar otros intereses, se trata de la integralidad de su desarrollo, se debe incentivar estos sectores, pero sin descartar la mirada de los que no cultivaron coca; sino café, caña, fique y otros empobrecedores.

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