¿ACASO TENEMOS DEMOCRACIA?

Comienzo esta columna semanal de opinión, contándoles a ustedes, amables y pacientes lectores, un secreto a sotto voce pequeñito, que ya no lo es en este preciso momento, referente al tema central de la presente. Sucede que hace 8 días, mi intención era escribir sobre el tema de hoy, la democracia en Colombia, para inaugurar, por así decirlo, el conjunto de temas y columnas sobre el tema de moda, la política (¿o será mejor politiquería?), desde ahora y hasta mayo del próximo año, pero entonces se me presentaron algunos de ellos en mi computador con su habitual forma de ser, usando estrategias amañadas y no amañadas (como por ejemplo la ya famosa reforma del articulito uribista o la venta de la conciencia de algunos de ellos, al estilo Yiddis), y como todos ellos insistían en aparecer en la columna y además de ñapa, con actuaciones mediáticas, se me ocurrieron las palabras mágicas ¡OH BENDITOS POLÍTICOS!, para quitarme ese karma y así poder escribir tranquilo. Esa fue la solución y todos quedaron tranquilos…
Continuando con el tema ya anunciado, me he puesto a pensar que, quizás la palabra más manoseada por Raimundo y todo el mundo en Colombia es DEMOCRACIA, abusando de ella en cualesquier discurso politiquero, en cualquier celebración veintejuliera, en reuniones de todo tipo, en foros, simposios, desayunos de trabajo, en fin, donde se presente la ocasión para cautivar a un público embelesado, con efectos anestesiantes, con la finalidad de conseguir un propósito que en la mayoría de los casos no es ético y se desvía hacia fines personales y egoístas. Incluso en nuestra Constitución Nacional del 91, en su artículo 1º., ya aparece escrita, óigase bien ESCRITA, pero no cumplida dentro del contexto real y verdadero del pueblo colombiano y sus expectativas de vida, justas y dignas. Recordemos a propósito el significado principal o denotativo de democracia: “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno” (Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, RAE).
¿Será que el pueblo colombiano sí lo puede hacer, de acuerdo con esa definición? En primera instancia, pareciera que sí, cuando se presentan ellos, los políticos, buscando esa representación, en el gobierno, dizque para trabajar por el pueblo, pero, como dice la gente: “llegan allá y la mayoría se olvida de esa confianza en las elecciones y se pierden los votos y entonces, adiós representatividad. Para sustentar estas afirmaciones, traigamos los siguientes pensamientos de Nelson Mandela y miremos cómo se ajustan a nuestra realidad: “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la DEMOCRACIA ES UNA CÁSCARA VACÍA (las mayúsculas son resaltadas por este columnista), aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento”.
Da la impresión al leer estas palabras, que se hubiesen escrito para Colombia, siendo una radiografía exacta de lo que pasa por estos lares. En efecto, muchos compatriotas están aguantando hambre en estos precisos momentos (por culpa de la falta de trabajo estable y por la economía informal, pues no les alcanza para sobrevivir), no hay medicamentos, aunque se pague el servicio, por culpa de las benditas EPS y peor para los del Sisben y los desempleados, a cada rato se violan los derechos elementales (como por ejemplo, en las pasadas protestas de los cafeteros y campesinos), reprimiendo a la fuerza la indignación nacional, etc. Y para terminar, en medio de este panorama desigual, hay elecciones, “ellos” van al Congreso y listo… sigue la parodia de la democracia. ¿Hasta cuándo? Amanecerá y veremos.




