ABUSOS DE ESTRATO SEIS


“Pero el asunto es que no es solo la violencia que se vive por los golpes físicos y morales propinados por la pareja, la que atenta contra las féminas, las reinas del hogar, sino que en muchos casos, éstas deben soportar también el desaforado ímpetu de las propias instituciones del Estado…”.
Dicen algunas estadísticas que Colombia registra en la región uno de los más altos índices de violencia intrafamiliar contra las mujeres, algunas de las cuales, todavía, debido a la dependencia del marido, se sienten obligadas a guardar silencio, a soportar toda clase de vejámenes y a sufrir abnegadamente con sus hijos. Múltiples factores sociales, culturales y económicos, parecerían explicar el fenómeno que en nuestra opinión tiene viejos y prehistóricos rezagos propios de nuestros antepasados de las cavernas. Y según esas mismas estadísticas, los hogares de estrato seis no son inmunes al problema, sólo que estos tienen una especial particularidad para ocultarlos por la resonancia social que pueden tener, en una sociedad de apariencias e hipócrita como la nuestra. Pero el asunto es que no solo es la violencia que se vive por los golpes físicos y morales propinados por la pareja, la que atenta contra las féminas, las reinas del hogar, sino que en muchos casos, éstas deben soportar también el desaforado ímpetu de las propias instituciones del Estado que debe protegerlas, y que en este caso, deseamos mencionar, apartándonos de la línea tradicional de nuestros escritos. Hace días se supo que un desalmado millonario bogotano, condenado al año pasado por violencia intrafamiliar a varios años de prisión, se encuentra desde entonces disfrutando de absoluta libertad, la que ha utilizado para proponer en su contra las más inverosímiles demandas jurídicas, atendidas favorablemente por ciertos jueces de la República, en punible ayuntamiento con la ex-pareja de la desafortunada mujer. No puede entenderse, por ejemplo, cómo al proferirse el fallo condenatorio, a las autoridades del Inpec no les fuera comunicada dicha decisión, para velar por su cumplimiento. Ripley. Violencia también ésta que despierta muchas suspicacias dada la condición económica del abusador. Violencia de un lado y de otro. Qué podrá pensarse de lo que puede ocurrir en estratos medios y bajos, en los que los desafueros bajo techo son pan de cada día. Y las mujeres cargan su diaria cruz en silencio.
(x) Analista político.



