ABURRIDORA MODA ES LA VIRTUD
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Vivir después de nacer no es una moda. Es practicar el arte más sabroso para el humano. Estirar los huesos, echar globos por entre los cabellos y dejar que ellos se eleven hasta donde el pelo se desenrede del ovillo. Lo hacen hasta los calvos y eso es más admirable. Echan globos y se ilusionan de la vida. Uno hace planes o se echa encima de la arena para disfrutar el sol y quemarse la piel aún sabiendo que da cáncer o se queda en casa en chancletas y sin levantadora. Vivir es un placer, decimos los optimistas.
¿Quién espera a Godot junto al árbol de la existencia? ¿Esperó Penélope a Ulises, o se aburrió tejiendo y destejiendo mientras las arrugas le cubrían la esperanza? ¿Se aburre el avaro de esperar que las monedas lleguen hasta el techo? ¿Desespera el joven porque el éxito no llega en jet ejecutivo? ¿Se arrincona el andrajoso en la esquina de su covacha porque el que va en carro no le alarga el brazo para regalarle una mirada?
¿Eso que llamamos virtud y la exigimos a otros equivale a ternura, a compasión, a generosidad, a dar de lo que tenemos? ¿O es vivir como un anacoreta, quitarse el pan de la boca y dárselo a los pobres o rezar avemarías y quejarse como un mártir? ¿Es meterse en una cápsula y meditar como un yoga y olvidarse de los males de este mundo, es ayunar y morir suspirando y esperando un cielo de delicias?
¿Para ser virtuoso se necesita tener madera de santo, piel de rinoceronte, cuello de gacela, pies de Isadora, estómago de odalisca árabe o espalda de fakir? ¿La virtud está reservada a seres extraordinarios o es hierba silvestre que se puede encontrar en desiertos, tierras fértiles o en ciudades y pueblos escondidos?
Pensando así me he levantado estos días de tanta corrupción, tantos negociados, viendo que nuestros levitas, prohombres y padres de la patria son acusados de hacer cosas por encima de la mesa y que la santa Procuraduría hace de dios y con camándula. Me pregunto de qué valdrá hablar de paz, de reparación, de acabar el 4Xmil, de si bajó más el dólar, o si los desplazados irán a tener la tierra que les robaron con amenazas y fusiles. ¿Volverán los acusados a ser buenos? Y esperarán los demás funcionarios, contratistas y estudiantes que la sociedad les permita ser virtuosos? O temerán que venga un terremoto o la ira de un dios el año 2012, o que la iglesia por fin nos dé el ejemplo y nos enseñe a ser virtuosos. Porque así se estila. Que la redención venga de afuera y que la voluntad de dios arregle todo.
La virtud está sentada en la silla de nuestra casa desde que nacemos. Junto a la mamá, al papá y a los abuelos. Ríe, canta, lee, teje, hace mercado, juega parqués sin trampa, va al trabajo y regresa temprano, va a cine, ve TV y escucha a La Luciérnaga en Caracol. Uno podría pensar que va a misa, que anda rezando y echándose látigo. No. La virtud nunca hace trampa, respeta la vida, no pone zancadilla, no roba ni asesina. Va a fiestas y bailes y se toma unas cervezas. Hace lo mismo que cualquier buen ciudadano. Jamás se encuentra en líos con la justicia. No tiene corona y hace fila, paga impuestos y ni siquiera es del Partido Verde.
26-08-10 – 11:54 a.m.
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